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Posts Tagged ‘Panchito Gómez Toro’


Por José Martín Suárez Álvarez, investigador e historiador

Una entrañable amistad de respeto y consideración fue profesada entre José Martí y Máximo Gómez Báez, basada en los ideales más puros, la fidelidad a los principios y la sinceridad mutua.

Un pasaje histórico poco conocido aconteció el 11 de abril de 1895, después de la azarosa travesía en bote hasta la costa en medio de una noche oscura y mar embravecida.

Cuando se produjo el desembarco por Playitas de Cajobabo, José Martí, hombre enfermizo, padecía de un forúnculo (inflamación purulenta focal de piel y tejido subcutáneo) en una de sus caderas, sin que de sus labios saliera lamentación o queja alguna, a pesar de la tortuosa caminata por senderos agrestes, muy difíciles de transitar; cada paso lastimaba dolorosamente el absceso al contacto con la dura vaina protectora donde descansaba el machete. (más…)

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El 7 de diciembre de 1896 murió uno de los patriotas insignes de Cuba: el lugarteniente general del Ejército Libertador Antonio Maceo. Estos artículos del historiador Ciro Bianchi Ross explican:

CÓMO MURIÓ ANTONIO MACEO

Antonio Maceo. LAZ 

Antonio Maceo. LAZ

(7 de diciembre) Cómo murió Antonio Maceo (2 partes)

El 7 de diciembre de 1896 murió uno de los patriotas insignes de Cuba: Antonio Maceo. Estos artículos del historiador Ciro Bianchi Ross explican:

CÓMO MURIÓ ANTONIO MACEO

Pocos combates son tan contradictorios en la historia militar cubana como el de San Pedro. Los historiadores, cuando vivían aún muchos de sus protagonistas —cubanos y españoles—, trataron de reconstruirlo. No lo lograron del todo, pues las investigaciones arrojaron unas 50 versiones, algunas de estas contradictorias. Eso ha dificultado a los estudiosos establecer la exactitud de los hechos y despejar las incógnitas de una acción que, más allá de su importancia combativa, adquiere relevancia porque en ella encontró la muerte el mayor general Antonio Maceo, segundo jefe del Ejército Libertador.

Una muralla de tropas

Opera Maceo, victorioso, en Pinar del Río. Puede al fin, el 18 de septiembre, encontrarse con el general Rius Rivera, llegado por María la Gorda al frente de una importante expedición que suministra a los insurrectos valiosos pertrechos de guerra, e inicia, el 23, desde los Remates de Guane, su marcha hacia el este. Ocho mil soldados españoles, con el apoyo de las fortificaciones de Mantua, Los Arroyos, Dimas y la trocha de Viñales, se obstinan en mantener encajonado al glorioso mambí en el estrecho extremo occidental de la Isla.
Vano intento. El 24, ya con Panchito Gómez Toro a su lado, Maceo se enfrenta a la columna del coronel San Martín y la derrota en la zona montañosa de Montezuelo. Tres días más tarde la ofensiva española va contra el campamento insurrecto de Tumbas de Estorino; combate sangriento donde la tropa de Maceo causa al enemigo más de 800 bajas y otras 500 en los combates de Guao y Ceja del Negro. En un avance indetenible llega el Lugarteniente General a la peligrosa zona de Viñales y acampa en Galalón, mientras que el general español Echagüe sale de San Diego de los Baños para cerrarle el camino. Los cubanos le ocasionan más de 300 bajas y Echagüe se retira, derrotado. El 10 de octubre ya está Maceo en la loma del Toro. El 22 ataca Artemisa. Bombardea el poblado con un cañón neumático y, con los fusileros, mantiene asediada la plaza hasta la madrugada. Espera que el enemigo, mandado por el famoso general Arolas, salga de «las jaulas de loro de la trocha» a fin de batirlo en regla a campo descubierto y aunque el jefe español rehúsa el enfrentamiento, el asedio a Artemisa cumple el objetivo mambí de demostrar su fuerza en el este pinareño.
Ya ha salido Maceo de la angosta zona occidental de Pinar del Río abriéndose paso por entre una muralla de tropas españolas. Ha vencido en una de las más difíciles campañas de su historia militar. Sabe que si dispusiera de tres o cuatro mil hombres más dejaría expedito el camino para «el Ayacucho cubano» y España sería arrojada de la Isla. Pero ¿cómo armar y pertrechar a nuevos combatientes si la mayor parte de las veces sus hombres van al combate con solo dos balas? La Habana misma está a su alcance y ha comprendido, con dolor, que atacarla sin piezas de artillería es caer en una trampa, pues la capital es guardada por más de 60 000 soldados bien armados y municionados.
Se siente Maceo impotente a pesar de sus triunfos. Es todo preocupación y angustia, pues las noticias que recibe son dolorosas y alarmantes. El anuncio de la muerte en combate de José, su hermano más querido, le rompe el corazón, y el sufrimiento lo sobrecoge al enterarse de la situación de su esposa María, enferma y sin recursos en Costa Rica. Cartas que le remiten desde Las Villas y Camagüey le permiten colegir la grave crisis en que se halla la revolución y una orden de Máximo Gómez, General en Jefe del Ejército Libertador, conminándole a que se le reúna de inmediato, aumenta su ansiedad, ya que para hacerlo tendrá que burlar otra vez la trocha de Mariel a Majana.

Intransigente

A Gómez le resulta cada vez más difícil mantener la disciplina en el este de la Isla. El Gobierno del presidente Cisneros Betancourt le discute las órdenes y busca el modo de destituirlo y de suprimir el cargo de General en Jefe. Pero en el Consejo de Gobierno las opiniones están divididas y aunque se mantiene el propósito de eliminar a Gómez con el pretexto de haber abandonado a Maceo a su suerte en Pinar del Río, se quiere también la destitución de Cisneros a fin de que Maceo asuma la presidencia de la República en Armas y la jefatura del Ejército Libertador.


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Siempre he admirado el coraje y el honor del Generalísimo Máximo Gómez, el gran hombre con amplia experiencia militar, en especial la táctica de las cargas al machete, y que en 1865 arribó a Cuba con el único deseo de pelear contra la dominación española. Muy interesante el trabajo que propone Ciro Bianchi sobre uno de los más insignes jefes militares de las gestas independentistas de Cuba y símbolo del internacionalismo:

Así era el Generalísimo

Ciro Bianchi Ross
digital@juventudrebelde.cu

Máximo Gómez  

Cesa la guerra con el Pacto del Zanjón. El mayor general Máximo Gómez no quiere permanecer en Cuba. Pretende trasladarse a Jamaica y con ese fin se dirige al general Arsenio Martínez Campos, a quien apodan El Pacificador por haber puesto fin a una contienda que duraba ya diez años. Quiere Gómez que, en virtud de los acuerdos, el gobierno colonial le ofrezca las facilidades para salir de la Isla.
—No piense usted en eso. Hombres como usted son los que me hacen falta para llevar adelante mi obra de reconstrucción del país. Así que pídame lo que quiera; menos la mitra de un obispo, que es cosa del Papa, todo se lo concedo —dice Martínez Campos.
Gómez parece no escucharlo. Reitera:
—Lo único que deseo, General, es el barco, en cumplimiento de lo acordado.
Insiste el jefe español:
—Mire, Gómez, todavía me queda medio millón de pesos. Ese dinero puede ser suyo.
Gómez se indigna.
—Recuerde, General, que si usted tiene entorchados, yo también los tengo, y que está usted obligado a respetarme. Estos andrajos con que me ve cubierto valen más que cuanto España puede ofrecerme. Yo no he venido aquí sino a pedir el cumplimiento de lo pactado en el Zanjón: un barco para salir de Cuba. No puedo admitirle a usted dinero. Si lo hiciera, usted mismo me despreciaría.

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Este artículo lo leí en el periódico Juventud Rebelde, y lo publico en primer lugar para solidarizarme en la causa de limpiar el honroso nombre de Máximo Zertucha, acusado injustamente de haber procipiado la muerte del Titán de Bronce, Antonio Maceo. En segundo lugar, porque me parece muy meritorio el esfuerzo y la dedicación del estudiante de Periodismo Emilio L. Herrera Villa, quien fue capaz de entregar en las páginas centrales del diario en su edición dominical esta historia desconocida por tantos. Por suerte, la encontré en el sitio web de la publicación de marras y la pongo a disposición de mis lectores. Espero no haber errado al seleccionarla.

El médico y ayudante personal de Antonio Maceo tuvo que soportar toda su vida la imputación de ser el responsable de la muerte del Titán de Bronce. Ochenta años después del combate de San Pedro, la verdad comenzó a abrirse paso

Por Emilio L. Herrera Villa, estudiante de Periodismo
Correo:
digital@jrebelde.cip.cu
 
Máximo Zertucha y OjedaMáximo Zertucha y Ojeda lo había perdido todo: el machete, los grados de Coronel, la gloria y los anhelos. Atrás quedaban las mañanas de duros combates, las ganas de pelear, la compañía del caudillo, la amistad del General… Sus esperanzas fueron abatidas por un disparo. Allí terminaba una vida.
En la mente de Zertucha vagaban los últimos recuerdos del fatídico 7 de diciembre de 1896: «¡Se acabó la guerra! ¡Vea este cuadro! ¡Muerto!, ¡Muerto!», le gritaba desmoralizado al Coronel mambí Alberto Nodarse. Nada resucitaría al lugarteniente general Antonio Maceo. Era imposible aceptar esa muerte.
Un Titán es invencible. Quizá la traición, pensaron algunos de los más allegados, había sido la causante de tamaña pérdida. Zertucha, un mambí de Melena del Sur, parecía ser el hombre. La profunda depresión y las injustas ofensas recibidas en el campamento lo impulsaron a desertar de las filas libertadoras, presentándose en San Felipe, actual provincia de La Habana, al coronel español Guillermo Tort.
Dos años después, sin más puntal que la dignidad, compareció ante el Ejército Libertador suplicando la conformación de un Consejo de Guerra. Esta vez no huyó. Juró por su honor decir la verdad al tribunal presidido por el General de División Alejandro Rodríguez.
El ex Coronel Máximo Zertucha y Ojeda, doctor en Medicina y Cirugía, ex jefe del Cuarto Cuerpo de Sanidad del Ejército Libertador, desmintió el 20 de abril de 1898, ante un Tribunal de Honor, haber planeado el asesinato del Lugarteniente General Antonio Maceo Grajales, de quien era ayudante y médico personal.
Cuatro días más tarde, el Consejo de Gobierno convocó a un perdón colectivo de acuerdo con la investigación realizada. El galeno quedaba exonerado de toda culpa y salvada su dignidad como cubano. Pero, a 113 años de la caída del Titán de Bronce, aún muchas personas formulan las siguientes interrogantes: ¿Era Zertucha un traidor?

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