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Posts Tagged ‘papeleo’

Mi colega Yandrey Lay Fabregat, periodista muy joven pero muy talentoso también, nos lleva de la manomano por esos caminos tormentosos y laberínticos que sufrimos los cubanos cuando tratamos de hacer un trámite de la vivienda: papeleo, peloteo, demoras, errores, ineficiencia y, por supuesto, pérdida del precioso tiempo: 

EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO

No pierdas tu tiempo, no se
lo hagas perder a los demás.

Caricatura de Martirena 

Caricatura de Martirena 

Corren los años sesenta. José Lezama Lima, el gran escritor cubano, concurre a una asamblea en su centro de trabajo. Se discute sobre las impuntualidades. Pasadas unas cuantas horas, los asistentes reiteran los mismos puntos. Lezama se levanta y comienza a disertar sobre la concepción del tiempo en los filósofos antiguos. Al final, termina describiendo la colección de relojes de Federico de Prusia.
Un amigo me contó la anécdota. La recuerdo cada vez que alguien me hace perder el tiempo, un entretenimiento de moda por estos días. La gente gasta su vida en colas, guardias, reuniones, esperando el transporte que no llega. Pero en ningún lugar la tortura es mayor que al gestionar un trámite de la vivienda.
El papeleo puede durar años. Para consultar a un funcionario debes esperar horas o asistir a las oficinas varias ocasiones antes de acertar con la persona adecuada. Los que han pasado por eso te aconsejan marcar la cola temprano en la mañana y llevar «algo» en la mano. El funcionario puede llegar tarde y atender dos o tres casos de los muchos que se presentan. 
Incluso, si logras recibir pronto los documentos, aún las cosas pueden ir mal. Con frecuencia padecen faltas de ortografía, omisión de palabras, equivocaciones en los planos. Entonces el doliente tiene que recorrer oficina por oficina hasta eliminar errores y horrores.
Los retrasos cuestan más que dinero. El trámite en la vivienda es el primer paso para efectuar otros. La demora puede hacer que pierdas los recursos para construir tu casa o que se venzan los papeles de la notaría. No es raro reiniciar el proceso dos o tres veces hasta dar con una combinación ganadora.
Time is money, reza un viejo proverbio anglosajón. A veces la relación funciona a la inversa y usted tiene que hacer un «regalo modesto» para ahorrarse meses o años de espera. Y también el desgaste en las suelas de los zapatos por tanto correteo en vano.
Hace cuatro años se le dio bastante divulgación al intento de simplificar los trámites en Vivienda. Estos se redujeron de 46 a 19. En total se eliminaron 9 pasos y 18 fueron asumidos por los propios funcionarios. Además, se crearon las oficinas de trámites, donde los solicitantes pueden acceder al inversionista, al arquitecto de la comunidad.
No todo sucedió como estaba previsto. Las oficinas no brindan todos los servicios que estaban planificados inicialmente. Los horarios extendidos nunca pasaron de ser un proyecto. Los funcionarios tuvieron que abandonarlos, al comprobar que la gente seguía acudiendo en horario laboral. En ocasiones la costumbre puede más que la razón.
Las dependencias de Vivienda carecen, en primer lugar, de muchas condiciones necesarias para enfrentar una tarea de esta envergadura. Su fuerza laboral es muy inestable. Algunos de los que entran a trabajar no poseen los conocimientos imprescindibles y tienen que aprender sobre la marcha.
Casi ningún abogado quiere que lo ubiquen allí. La asesoría jurídica es uno de los puestos clave del mecanismo. Algunas veces un técnico tiene que ocupar la plaza reservada a un graduado de educación superior. Muchos de sus adiestrados piden la liberación al terminar el servicio social.
El salario de un jurídico de la Vivienda ronda los 415 pesos, muy por debajo de otros profesionales. Es quizás el peor pagado de los oficios que puede ejercer un licenciado en Derecho. Además, no existe ninguna clase de estimulación.
Los defectos de formación empeoran con los años. Tan grande es la cantidad de trámites cursados que los trabajadores no tienen oportunidad ni tiempo para superarse. Tampoco existe un mecanismo que penalice las pifias reiteradas en la documentación. Como la fuerza laboral resulta tan inestable, se achacan los errores a los anteriores técnicos.
Máximo Gómez afirmaba que «el cubano cuando no llega, se pasa». Con frecuencia las faltas se deben a un exceso de celo. Los funcionarios tienen tanta documentación atrasada que, al tratar de agilizarla, se equivocan de nuevo. Ahora mismo existen trámites pendientes del 2007 y 2008.
De nada vale aconsejar «Apresúrate despacio» o dar un escándalo en las instancias correspondientes. Las medidas deben ser más contundentes. Con frecuencia los agraviados acuden a quejarse a las Oficinas del Derecho del Ciudadano en Fiscalía. Es la manera más rápida de intentar una refutación del tiempo perdido.
Contra la velocidad en los trámites conspiran, además, ciertas dificultades organizativas. A veces el técnico no encuentra a las personas necesarias para llevar su función a buen término. O en las oficinas faltan el papel, la corriente eléctrica o la tecnología imprescindible.
La ineficiencia ha pasado de excepción a regla. Los funcionarios de la Vivienda también necesitan asistir a turnos médicos, comprar en la bodega y hacer colas en las rebajas. Casi siempre en horario laboral.
Hará falta mucho esfuerzo para corregir esos males. Deberíamos empezar ahora mismo. Intentar, por ejemplo, un gigantesco ejercicio de voluntad. Pensar que las horas son un tesoro inmenso y que cada segundo perdido en vano no regresa jamás. Si todo sale bien, si nos llegamos a creer la metáfora, podremos ahorrar el tiempo que nos queda. Y a lo mejor, también, multiplicar los panes y los peces.

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