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Posts Tagged ‘Placetas’

Diario del ángel. Pedro Llanes

Lidamalia, todas estas palabras han sido hechas para ti

Heme aquí regidor en el noviembre largo,
en la escarcha del patio corre el tigre
mientras prueba el cello la hilvanadora
ayudada por los dedos de la llovizna.
Desde los atalayadores salta el tigre a la floresta.
Lo velan estáticos el estanque y la garza.
Heme aquí regidor en el noviembre largo.
Noviembre sabe muy bien ocultar sus caminos.
El tigre ondulante vigila en el jardín.
En las noches la escarcha lo vuelve más blanco, lo evapora.
Junto al estanque hay un niño y un árbol,
yo digo su nombre al pie mismísimo del árbol.
Él oye su nombre y me maldice.
El relente está flotando en el estanque.
Desde los atalayadores salta el tigre a la floresta.
Las cosas tienen sus nombres difíciles.
Sea, dice la línea que cruza el agua.
Junto al estanque hay un niño y un árbol.
El niño me regala el bastoncillo de la  sola estrella.
Levanto la tierra y nace una mujer hermosa.
Su nombre es Nara.
Duerme, amada, en el soto hasta el alba.
Sea, dice la línea que cruza el agua.
A la hora tercia Nara era como una joya finísima.
La vimos dormir sobre las pasionarias.
A la hora tercia Nara era como una joya finísima.
Duerme, amada, en el soto hasta el alba.
Sigo la ruta, la ruta blanca que sube los corredores,
De cerca me persigue el tigre.
Su figura se entrecruza a la mía, las dos huyen.
Tened cuidado del cuervo.
El cuervo atormentará vuestras carnes.
La tarde movía sus espadas,
alanceando el pulmón del  arlequín
puesto de pie sobre el recuadro azul.
Hurra por los feriantes,
por el  payaso que  se aplaude en la muerte sin cesar.
Voy llorando hasta el bosquecillo
y hago una canción por vosotros.

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Tuve la satisfacción de leer este trabajo en Juventud Rebelde. Pedro Llanes es un escritor villaclareño y sobre todo un poeta extraordinario.

Pedro Llanes: entre la literatura y el paisaje
Por Alberto Sicilia

Pedro Llanes. LAZ 

Pedro Llanes. LAZ

Terminal de Placetas, seis de la mañana, veo por encima del hombro la figura silenciosa de Pedro Llanes  (Diario del ángel, Sibilancia, Icono y ubicuidad, Sonetos de la estrella rota, Balada con sinsonte, El fundidor de espadas y Del Norte y del Sur). Los pasajeros se aglomeran, intentan abordar el camión y apenas los puedo controlar con algunos pases mágicos, le hago un ademán para que me espere en la parte delantera, tengo para los próximos 30 kilómetros la seguridad de una conversación signada por el esplendor de la imagen, y por la búsqueda permanente de la cita sorpresiva. Comienzo el viaje, doy los primeros cambios y asciendo los elevados de la ciudad del centro, el pueblo que vio nacer en 1962 al poeta, ensayista y narrador, se queda atrás.

—Maese Pedro, ¿qué sedimentos persisten en tu obra de esas callejuelas desembocando en el verdor de los sembradíos?
—En una entrevista reciente respondí acerca de la provincia, acerca de la topicidad. Virgilio, Séneca, eran uno mantuano; otro de Hispania; Dante, florentino; Homero, de siete ciudades. Poe nació en Boston, Faulkner en el sur, Hemingway en Idaho, T. S. Elliot en Saint Louis. La Avellaneda había nacido en Puerto Príncipe. Milanés y Plácido no pasaban de ser unos provincianos. Ballagas, profesor de la Escuela Normal de Santa Clara, nació en Camaguey. Ahora el asunto hay que reformularlo porque las tecnologías y la hiperfluidez de las comunicaciones han cambiado todo. En lo concerniente a mercado —para quienes se interesen por el mercado— el topos no tiene importancia, sino el libro, el producto sujeto a estandarización. La casa editorial no pregunta de dónde vienes, pregunta adónde vas. Si Cormac Mc Carthy o Roberto Bolaño escribieron The orchard beeper o Los detectives salvajes en Hawai o el D.F no importa. Cien años de soledad escrito en México fue a parar a manos de Carlos Barral, este lo denegó; sin embargo, es uno de los textos más importantes de la poética del boom. Recuerdo con mucho cariño a Placetas, allí están enterrados mi padre y mi abuela. Ella me enseñó a leer a los cinco años. Viví en ese pueblo hasta finales de los noventa.

—Las correspondencias atemperan al hombre nacido para la imagen, entre el pensador y el comunicador. ¿Cómo equilibras las cargas entre los diferentes géneros?
—La poesía me interesa en la medida en que sus mecanismos sean más inestables, más sensorializados. Ella intenta la unidad a través de la pluralidad, pero su medio es el de las cosas físicas, al contrario del aserto de Poe de que «la materia en sí carece de importancia». El relato varía por constitución su finalidad (acontecimientos, personajes, trayectoria), utiliza los elementos dinámicos tensionando de alguna manera los estáticos (más presentes en la poesía). El resultado comunicativo, digamos, es más eficiente. Me gustan las diferentes posibilidades.
Desconfío de lo monológico. —Se ha murmurado en los corrillos sobre tu hermética hermenéutica, la acercan a otros nombres de aquí y de acullá, en cambio todos acuerdan la  excelencia en la suma y el goce en penumbras de nuevos resplandores, ¿qué vio Pedro, qué oye, qué transcribe de la espesa tiniebla?
—Diario del ángel y Sibilancia se fundaban en la creación de simbolizaciones y niveles de aprehensión. Proponían por así decirlo una zona artística estanco, superior incluso a la propia realidad a la que habían declarado insuficiente. En cierta forma eran presupuestos que heredábamos del origenismo donde lo aséptico y el cuidado del texto estaban por encima de todas las cosas. El arte también es tecné: se abstrae de la realidad para ser. Ello incluye referentes, adiestramiento en la interpretación de textos. En «Res finita»,Sibilancia (Doremmy, el mandarín Tsung, Katina) no pasan de simples sustituciones. La quiebra matrimonial se reviste de abruptos, enmascaramientos, tal y como los describió Roger Caillois. Los referentes, entre otros, serían Los Pretiles (el Escambray), Luiggi, Rodolfo (hermanos de Katina). Las tubas, los insípidos instrumentos del cabaret donde fuimos ella y yo una noche de invierno de 1990. Poemas nocturnos para L. (Premio Fundación de la ciudad de Santa Clara) dialoga con la tradición, con la realidad. En él creo haber roto el modelo de los origenistas y mi propia norma de los ochenta. El tiempo hace su obra. Los inicios de milenio han desautorizado los hermetismos porque propugnan lo esotérico en tipos de sociedades que se autoproclaman abiertamente comunicacionales. Lo hermético se me antoja oblicuo, velado y en cierta medida defensivo. No entiendo tu pregunta sobre las tinieblas, pero Jacob Boehme justificándolas afirmaba que «no hay que pensar que la vida de las tinieblas esté sumida en la desdicha, perdida en una suerte de perpetua aflicción». Para mí uno las encuentra, están ahí, son posibilidades, formas.

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Feliz cumpleaños

Hoy, 13 de abril, es el cumpleaños de un gran amigo mío. Conoce que en mi blog están casi todos los cumpleaños de mi familia, y me preguntó si no escribiría acerca de él. Cómo no hablar de esa persona a la que me unen lazos tan fuertes.

Lo conocí el 12 de mayo de 1971 —casi 38 años, una vida como diría él—. Cuando entró ese día por aquella puerta, tan baja que tuvo que agacharse un poco por su enorme estatura, sentí la sensación de que había entrado un monumental rayo de luz. No me equivoqué.
Cuántos lugares visitamos juntos por cuestiones de trabajo: Topes de Collantes, Cienfuegos, Trinidad, Sancti Spíritus, Sagua la Grande, Placetas…
Me decía Nena, no sé si se acuerda. Ahora me dice Niña, no importa, en mis oídos suenan igual. Y siempre me he sentido una niña al lado suyo, y no es porque sea viejo, qué va. Es algo que no podría explicar.

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El 23 de diciembre de 1958, las tropas lideradas por el Che liberaron la ciudad de Placetas. Mi colega Narciso Fernández entrevistó a Leonardo Casanova Chirino, celoso guardián de partes originales radiales que cuentan la historia de esa lucha librada para derrocar la tiranía de Batista y que culminó con el triunfo de la Revolución Cubana el 1o. de Enero de 1959.

Leonardo Casanova Chirino 2Voz rebelde bajo las balas.

La historia que aquí se cuenta es inédita y ha permanecido sin divulgarse desde aquellos días finales de diciembre de 1958, cuando la Villa de los Laureles estaba aún bajo las balas, y la voz de la emisora local CMHB Radio Nacional de Placetas se alzaba insurrecta y rebelde en favor de la Revolución.

Partes radiales originales que nos regresan a las cruciales y decisivas horas en que se decidía la victoria contra la dictadura, fueron guardados celosamente por Leonardo Casanova Chirino — luchador clandestino y participante en la toma de la ciudad—, quien hoy los pone a consideración de los lectores de Vanguardia.

Leonardo Casanova Chirino 1El combatiente atesora órdenes militares del Che, llamamientos a la movilización del pueblo, a la rendición de soldados de la tiranía, partes de guerra, comunicados; en fin, una amplia gama de asuntos que nos dan un fiel retrato de lo acontecido allí hace medio siglo.

Un valioso grupo de documentos manuscritos o mecanografiados1 que forman parte de la historia de la Campaña de Las Villas, y enaltecen a aquellos anónimos trabajadores radiales placeteños, entre los cuales se encontraba el desaparecido Argelio García, Chaflán.

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El poeta, narrador y ensayista Pedro Llanes nació en Placetas, Villa Clara, el 20 de mayo de 1962.
Pedro Llanes. Premio Nosside Caribe 2004
Comenzó a los 13 años en un taller literario en Placetas. Tiene publicados ensayos, poesías y novelas, pero prefiere la poesía.

Premio nacional de poesía en Talleres Literarios (Holguín, 1990), Premio de la Crítica (1994), premio Frónesis (1999), premio Abril (1995), premio Calendario (1999), premio Dador 2004, con la pieza teatral «Del Norte y del Sur»; el Premio Internacional de Poesía Absoluto Nosside Caribe, 2004, convocado por el Centro Studi Bosio AICS y el ICL, con la obra «Agua, fulgor»; así como

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