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Posts Tagged ‘Poeta enamorado’

Despedida, óleo del pintor cubano Ventura González Padroza

Te digo adiós, y acaso te quiero todavía.
Quizá no he de olvidarte, pero te digo adiós.
No sé si me quisiste… No sé si te quería…
O tal vez nos quisimos demasiado los dos.

Este cariño triste, y apasionado, y loco,
me lo sembré en el alma para quererte a ti.
No sé si te amé mucho… no sé si te amé poco;
pero sí sé que nunca volveré a amar así.

Me queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo,
y el corazón me dice que no te olvidaré;
pero, al quedarme solo, sabiendo que te pierdo,
tal vez empiezo a amarte como jamás te amé.

Te digo adiós, y acaso, con esta despedida,
mi más hermoso sueño muere dentro de mí…
Pero te digo adiós, para toda la vida,
aunque toda la vida siga pensando en ti.

*José Ángel Buesa (Cienfuegos, Cuba, 2 de septiembre de 1910-Santo Domingo, República Dominicana, 14 de agosto de 1982), el Poeta Enamorado.

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Este año se cumplió el centenario de José Ángel Buesa. Publicar sus poemas en Verbiclara es mi homenaje a este poeta cubano.

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Tardíamente, en el jardín sombrío,
tardíamente entró una mariposa,
transfigurando en alba milagrosa
el deprimente anochecer de estío.

Y, sedienta de miel y de rocío,
tardíamente en el rosal se posa,
pues ya se deshojó la última rosa
con la primera ráfaga de frío.

Y yo, que voy andando hacia el poniente,
siento llegar maravillosamente,
como esa mariposa, una ilusión;

pero en mi otoño de melancolía,
mariposa de amor, al fin del día,
qué tarde llegas a mi corazón…

José Ángel Buesa, conocido por el “poeta enamorado”, por el título de uno de sus libros de poemas, nació en Cruces, Cienfuegos, el 2 de septiembre de 1910, y murió en Santo Domingo, República Dominicana, el 14 de agosto de 1982. A pesar de haber escrito novelas, su popularidad tanto en Cuba como en Hispanoamérica se la debe a su poesía. Fue un romántico empedernido, al decir de la poetisa matancera Carilda Oliver Labra.

Vea también:

Sobre José Ángel Buesa

Carta a usted, poema de José Ángel Buesa

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Según dicen ya tiene usted otro amante.
Lástima que la prisa nunca sea elegante.
Yo sé que no es frecuente que una mujer hermosa,
se resigne a ser viuda, sin haber sido esposa.

Y me parece injusto discutirle el derecho
de compartir sus penas sus goces y su lecho
pero el amor señora cuando llega el olvido
también tiene el derecho de un final distinguido.

Perdón… Si es que la hiere mi reproche… Perdón
aunque sé que la herida no es en el corazón
Y para perdonarme… Piense si hay más despecho
que en lo que yo le digo, que en lo que usted ha hecho.

Pues sepa que una dama con la espalda desnuda
sin luto en una fiesta, puede ser una viuda.
Pero no como tantas de un difunto señor
sino para ella sola, viuda de un gran amor.

Y nuestro amor recuerdo, fue un amor diferente
al menos al principio, ya no, naturalmente.

Usted será el crepúsculo a la orilla del mar,
que según quien lo mire será hermoso o vulgar.
Usted será la flor que según quien la corta,
es algo que no muere o algo que no importa.

O acaso cierta noche de amor y de locura
yo vivía un ensueño y… y usted una aventura.
Si… usted juró cien veces ser para siempre mía
yo besaba sus labios pero no lo creía.

Usted sabe y perdóneme que en ese juramento
influye demasiado la dirección del viento.
Por eso no me extraña que ya tenga otro amante
a quien quizás le jure lo mismo en este instante.

Y como usted señora ya aprendió a ser infiel
a mí así de repente me da pena por él.

Sí es cierto… alguna noche su puerta estuvo abierta
y yo en otra ventana me olvidé de su puerta
O una tarde de lluvia se iluminó mi vida
mirándome en los ojos de una desconocida.

Y también es posible que mi amor indolente
desdeñara su vaso bebiendo en la corriente.
Sin embargo señora… Yo con sed o sin sed
nunca pensaba en otra… si la besaba a usted.

Perdóneme de nuevo si le digo estas cosas
pero ni los rosales dan solamente rosas.
Y no digo estas cosas por usted ni por mí
sino por… por los amores que terminan así.

Pero vea señora… qué diferencia había
entre usted que lloraba… y yo que sonreía.
Pues nuestro amor concluye con finales diversos
usted besando a otro… Yo escribiendo estos versos.

José Ángel Buesa, conocido por el “poeta enamorado”, por el título de uno de sus libros de poemas, nació en Cruces, Cienfuegos, el 2 de septiembre de 1910, y murió en Santo Domingo, República Dominicana, el 14 de agosto de 1982. A pesar de haber escrito novelas, su popularidad tanto en Cuba como en Hispanoamérica se la debe a su poesía. Fue un romántico empedernido, al decir de la poetisa matancera Carilda Oliver Labra.

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El “poeta enamorado”, como le llamaban a José Ángel Buesa, por el título de uno de sus libros de poemas, hubiera cumplido cien años el pasado. Nació en Cruces, Cienfuegos, el 2 de septiembre de 1910, y murió en Santo Domingo, República Dominicana, el 14 de agosto de 1982. A pesar de haber escrito novelas, su popularidad tanto en Cuba como en Hispanoamérica se la debe a su poesía. Juventud Rebelde publicó ayer, domingo 17 de octubre, esta entrevista de Jaisy Izquierdo (jaisy@juventudrebelde.cu) con Carilda Oliver Labra, en la que la poetisa matancera evoca a  este poeta romántico cubano.

EL BUESA DESCONOCIDO

La poetisa Carilda Oliver Labra evoca sus recuerdos del popular bardo cubano José Ángel Buesa, de quien en septiembre pasado se conmemoró el centenario de su natalicio

El pasado septiembre, José Ángel Buesa cumplió cien años. Y entre críticas y suspiros, el tiempo no ha podido apagar su lumbre de poeta. La poetisa cubana Carilda Oliver Labra, Premio Nacional de Literatura 1997, quien se alegra de haber sido amiga del popular bardo, nos lo devuelve preservado por sus memorias, de donde emerge un Buesa de carne y hueso, que quizá nos resulte desconocido a la vuelta de diez décadas.
«Corría el año 1948 cuando vino a mi casa en un Buick rojo. Un amigo suyo le había leído Elegía a Mercedes, poema que le hice a mi abuela y que en aquel momento estaba casi acabado de escribir. A Buesa le llamó la atención por provenir de mí, una muchacha de provincia, más bien de municipio, como solía bromear. Cuando apareció, imagine mi sorpresa, pues entonces era el poeta más famoso de Cuba. Pero lo que le daba cierto aire especial ante mis ojos es que era adorado por los jóvenes, y sus libros todo el mundo los conocía de memoria, sobre todo aquellos versos que lo hicieron célebre y que no son los mejores ni mucho menos.
«Buesa era alto y atlético, pero no con esta forma que tienen los gimnastas de músculos machacados por el exceso, sino más bien frescos. Tenía una voz grave, muy cómplice. No era nada orgulloso ni altanero, sino correcto y educado. En los 15 años que duró nuestra amistad pude notar que no se trataba del hombre insinuante y seductor, como en ocasiones lo tildaban sus contemporáneos sin haberlo conocido realmente. También pude comprobar que era muy envidiado y hasta acosado.
«El primer día que vino a mi casa tuvimos que interrumpir varias veces la conversación porque diferentes vecinas tocaban a la puerta preguntando por él. En cierta ocasión, antes de marcharse, prendió un cigarro cuando se disponía a montar en su auto. Una muchacha preciosa dio, apurada, unos pasitos hacia él y le pidió, como si lo conociera de toda la vida, un cigarrillo. “No, ese no, el que usted trae en su boca”, le dijo la joven. Y él, perplejo, me miró, y muy serio se lo entregó, acto que la joven agradeció con un suspiro: “¡Así tengo su boca en la mía!”. Después de este amago femenino Buesa cambió su horario de visitas y parqueaba el carro muy lejos de casa».
—¿En qué consistieron esas visitas literarias?
—Él encontró como una especie de sede alejada de la capital, donde podía hablar de sus motivaciones vitales y confrontar su obra con literatos jóvenes. Muchas veces nos reuníamos en la residencia del poeta Agustín Acosta. Íbamos acompañados de mi futuro esposo, Hugo Ania Mercier, que era hombre de letras y abogado.
«Buesa me ayudó mucho en el plano literario. Yo estaba cursando Derecho y solo había adquirido pocas nociones de Literatura Preceptiva en el Bachillerato. Con él estudié Gramática para luego gozar del ardid de olvidarla un poco. Aprendí fonética, prosodia, sintaxis y semántica. Él sabía todo acerca de retórica, métrica, ritmo y rima del verso. Era un hombre instruido, que leía a Shakespeare, a Whitman, a Víctor Hugo y a Rimbaud en sus idiomas originales, y además de poeta fue dramaturgo, periodista, narrador, traductor y guionista de programas de radio. Buesa me hizo amar la Lengua».
—Es conocido que también la ayudó a publicar un libro.

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