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Posts Tagged ‘poeta puertorriqueño’

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Foto por camaleoni. (Ver galería completa).

 

Cinco piezas del poeta puertorriqueño, dos de ellas inéditas.

Mientras la vida pasa

Amar no es tan difícil
perdemos el tiempo
en cosas baladíes
mientras la vida pasa
sin despedirse
como las sombras
que en la noche crecen
y nadie sabe
a dónde se alejan
cuando regresamos
donde nunca estuvimos
sin saber a dónde va el amor
cuando la vida no puede retenerlo
como el fruto que espera
que una mano recoja
lo que brilló un instante
como el canto de un pájaro
en el viento. (más…)

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David 001

David 2 001

 

Dedicatoria 001 El poeta puertorriqueño David Cortés Cabán me ha enviado este libro de la autoría de Ernesto Álvarez. Muchas gracias, amigo, y felicitaciones.

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(Poeta puertorriqueño)

Bandera de Puerto Rico

Vas a saber la muerte de un poeta
Del poeta infeliz que a Cuba vino
A romper las cadenas del esclavo;
De aquel que en tarde tenebrosa y fría
Cruzó por el Planeta
Con la noble actitud de un hombre bravo
Que emprende su camino
Sin doblegar la pensadora frente,
Do derramado había
El mismo Dios su inspiración potente;

Del poeta infeliz que ya no existe;
Que abandonado y triste,
Para mengua de infames compañeros,
¡En charca inmunda se postró rendido!
¡Charca tan grande cono el mar inmenso!
¡La ciénaga con todos sus horrores!…
Hedionda confusión de sumideros
¡Donde el reptil arrástrase escondido!…
Lugar maldito que sin duda pienso
Fue formado por viles opresores
En el crisol de refinadas penas;
Modelo que anhelante
Procurara con sangre de sus venas
¡Para el Infierno describir el Dante!
Palúdica mansión: nadie podría
Sin conocerte, presentir tu suelo…
¿Qué digo suelo?… si tan sólo vía
Al recorrer tu soledad sombría,
En las borrascas de la cruda guerra,
Barro que en vano endurecer quería
El sol ardiente del cubano cielo
Derramando calor sobre la tierra.

Espantosa mansión donde las aves
No saludan la espléndida mañana
Con los cánticos suaves
Que el corazón escucha conmovido;
Donde la palma cana,
Batida por el aire corrompido,
Entrañablemente zumba
Con el sordo crujido
Del ataúd caído
En el húmedo fondo de la tumba!…

Buscando el horizonte
Los angustiados ojos
Se dilatan por ver… La fiebre crece
De horrible realidad… Silencio todo!…
Ningún eco que aplaque los enojos;
Ninguna huella en el vetusto monte!…
Solamente al viajero se le ofrece
Agua gelatinosa, mucho lodo,
Cuando a pasar se lanza
Por aquellos lugares do parece
Que no ha pasado nunca la esperanza.

La ciénaga maldita;
Implantada en el suelo americano,
Con crueldad infinita
Cementerio tornóse del cubano:
Del cubano que fiero,
Desplegando la enseña independiente,
Sin temores rompió traidores yugos,
Logrando por el plomo y el acero,
De Oriente hasta Occidente,
Fustigar en el rostro a sus verdugos.

¡Cuánta escena de horrores
En los pasados días!…
¡Cuánta historia de luto en la campaña!
Cuánta viuda, Dios santo,
Que en lágrimas dijeron sus dolores…
Tan sólo al recordar las penas mías,
Huérfano triste que recorre el mundo,
Me asesina el quebranto de la torpe España
Mi risa dejo con rencor profundo.

¡Pobre Martín, el vate borinqueño
De porvenir risueño
Que conmigo cambió sus impresiones,
Envidio lo que acaso pensarías
Cuando los ojos con afán tendías
Por las vastas regiones
Donde pausadamente sucumbías!…

Yo quisiera saber lo que tu mente
En su vértigo alzaba
Ante lo horrible del postrer instante,
Teniendo frente a frente
Un mar ennegrecido sin orillas;
Un volcán que en el pecho te quemaba;
Un poema gigante
Escrito por el llanto en tus mejillas;
Y una muerte segura,
¡Tan segura Gonzalo como oscura!…

Oscura no: tu nombre en la memoria
Del bardo queda impreso…
El ocupa una página en la historia,
Y yo le brindo mil laurel de gloria
Con la lealtad de un niño,
Como pálida prueba que profesa
A tu nombre inmortal hondo cariño.

No pronuncie mi boda maldiciente
El fallo de traición sobre el menguado
Que al poeta infeliz abandonara:
Le quiero perdonar, pues sé de cierto
Que un anatema gravará su frente
El peso abrumador de su pecado:
Le quiero perdonar, porque en su cara
La saliva del muerto
Una mancha imborrable le ha dejado!

Virgen de mi tierra,
Entonando los cánticos mejores,
Acercaos al campo de la guerra
Y en la tumba del vate, dejad flores:
Y yo también, con pecho conmovido,
Dobladas las rodillas,
Del corazón escucharé el latido;
Y el llanto que recorre mis mejillas
Será para el hermano
Que al cruzar por el mísero Planeta
Enterró sus ensueños de poeta
En la hediondez de pútrido pantano.

Pedro Piñan [sic.] de Villegas

(*) Murió Francisco Gonzalo Marín, poeta puertorriqueño, al cruzar la trocha Júcaro Morón abandonado por sus compañeros en la Ciénaga. — Nota del poeta.

(Bellísima composición de un poeta cubano publicada en el citado diario La Democracia)

Tomado de:

LIMÓN DE ARCE, JOSÉ: Biografía de Francisco Gonzalo Marín (Dedicada a don Santiago Marín), 131 pp., Casa Paoli del Centro de Investigaciones Folklóricas de Puerto Rico, 2007.

Sobre Francisco González Marín Shaw:

Vida, pasión y muerte de Francisco González Marín (Pachín)

Vea también:

El Trapo. Poesía de Pachín Marín

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Poesía 

Quiero compartir con mis lectores estos poemas del poeta puertorriqueño David Cortés Cabán. Disfrútenlos

UN RÍO DONDE ALGUIEN REMA

Nunca los hombres
son más pequeños que su muerte.
Sus días pasan y se alejan por encima de la vida
como el aire sobre la soledad.
Pero nadie sabe que es el mismo aire que nos da en el rostro.
Tampoco la tristeza es más lejana,
y tampoco son estos días que dan vueltas
detrás del recuerdo.
Pero esta tarde la vida ni es más pequeña
ni más demoníaca.
Es solamente un punto que se desvanece
como una mirada que no dice nada,
ni llama a nadie para que el dolor sea menos espeso.
Hoy es solamente un río donde alguien rema
tratando, tratando,
hasta que el vacío devora la sonrisa.

Del libro Al final de las palabras (New Jersey, Slusa Editores, 1985.

NO SOY UN TIGRE DE BENGALA

Es cierto:
no soy un campeón
no soy un héroe,
no soy ese galán
por quien tanto tu madre
suspira y se desvela.
Apenas tengo garras de tigre de bengala.
Pero esta noche,
cuando todos se hayan ido a sus habitaciones,
baja despacio, que no cimbreen las paredes,
que nadie sepa nunca quién te hizo
esos dos puntos rojos en la nuca.

ESE PEQUEÑO INMENSO PUEBLO

En estas calles
nenúfares silenciosos
como los versos de Po Chu Yi
o como la provincia de Shensi
ninguno de los dos es un camino
sino un refugio donde el amor es sólo
es ese pequeño inmenso pueblo
donde danzamos hasta tocar el fondo de la noche.

Del libro Una hora antes (Madrid, Editorial Playor, 1990)

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