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Poeta remediano, Luis Manuel Pérez Boitel. Foto: Cortesía del entrevistado

 

Granma conversa con el poeta remediano Luis Manuel Pérez Boitel, al cual le fue entregado en la Feria el Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén 2020

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Este poema inédito suyo me lo ha enviado Luis Manuel Pérez-Boitel y se lo agradezco muchísimo. Este poeta remediano recientemente ha conseguido el Premio de la I Bienal Literaria Bambamarca Voces de la Tierra.

DEFENSA DE LO PASADO

Otoño. Foto de Estela del Valle Mañez

Otoño. Foto de Estela del Valle Mañez
 

Si amo el sonido del árbol, sus movimientos libres o desvalidos,
no puedo no amar su tronco o sus hojas: ya que son sus hojas
las que suenan y su tronco el que crece. Todas esas divisiones
entre cuerpo y alma no son sino anatomía cruel de lo vivo…

 
Marina Tsvietáieva



imaginar que estamos solos en una ciudad que nada puede hacer
contra nosotros, ni a favor de nosotros para retrotraer el tiempo.
en ese otro sendero, era yo el que dejaba partir las naves, como Tarsis,
bajo un  relieve que no pudiera ser la habitación donde esperamos la noche,
defino lo pasado, lo justifico y dejo que el otro tiempo pase.
el incienso que provee la luz matinal nos acerca al escondite,
a la lujuria del cuerpo. lo que queda de ciudad es algo impensado, afuera
es otoño y tal parece que las casas (des)dibujadas con cal aparentan el silencio.
el silencio del cuerpo. el silencio del entreacto. el silencio que aniquila la luz
misma de la casa donde hay otros cuerpos, como náufragos
distantes que también se aferran al silencio mismo,
a una rara neutralidad diría, para no ser convencional con la división del cuerpo
y el alma que son anatomía de las mismas cosas. imaginar que estamos solos,
dispuestos en el convivio de un Dios y de la mano
de un país que espera afuera.  sentenciar que hay una hora de locura. una hora
para el comensal. una hora para el saltimbanqui. una hora justamente frente a esas naves
que dicen adiós y donde se escapa toda la ciudad, es como vivir una hora de lujuria,
como estar solos en esta habitación donde miro un cuadro con caballos
y el rostro de la amante que dice conocer el mundo y te abraza
con todas sus fuerzas para que vuelvas al sitio donde una vez hablamos de nostalgia
(rara lujuria esta?), del país y enmudezcas definitivamente.

Luis Manuel Pérez-Boitel (Remedios, Villa Clara) que ha obtenido infinidad de premios nacionales e internacionales, entre los que destacan:
Primer accésit en el concurso internacional de poesía Bustar Viejo (Madrid, 1998); premio literario XV Festival de la Juventud y los Estudiantes (2001), lo que le hizo delegado directo al Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes celebrado en Argelia; premio Abril de la (UJC por el conjunto de la obra literaria, 2002); Premio Internacional de Poesía Casa de las Américas (2002); tercer premio en el concurso internacional de poesía Miguel de Cervantes (Granada, 2003); premio internacional de poesía Nosside Caribe (2004); Premio Internacional de Poesía Desiderio Macías Silva, con “No llames en la noche” (2005), Premio Casa de Teatro, República Dominicana, con “Memorial de invierno” (2005), Premio nacional de poesía Ciudad del Che, Premio Internacional de Poesía Marius Sampere, con el poemario “Las naves que la ausencia nombra” (editorial La Garúa Libros y el Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramenet, 2007), Premio Nacional Alcorta de la UNEAC de Pinar del río con “Un mundo para Nathalie” (2007), Premio Paco Mir de la Isla de la Juventud con “Poemas escritos sobre un banco del parque” (2007), Segundo Premio del certamen organizado por la revista Axolotl, de Argentina, con “Ragazzo al mare” (2007) y Premio Internacional de Microficción para Niños y Niñas «Francisco Garzón Céspedes» 2009.

Enlaces a poesías de Luis Manuel Pérez-Boitel: Cartas desde Francia  Poeta de la memoria  Conciencia fuiste tu juez  Livingston  Tabla de salvación  

Rapsodia en mi menor para la ciudad de Santa Clara

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Luis Manuel Pérez-Boitel, el poeta remediano (Villa Clara) con tantos premios a cuestas (el último: Premio Internacional de Microficción para Niños y Niñas «Francisco Garzón Céspedes» 2009), me ha enviado este poema.

Luis Manuel Pérez-Boitel

TABLA DE SALVACIÓN

En la pátina del sitio, grotesco queda el aliento,
el aliento del encalabozado, del suicida,
que ha visto con sus propios ojos la noche caer sobre su cabeza.
que ha visto dividir el tiempo en esos raros amaneceres
en la isla.  Cerrar del todo la puerta
es un acto para el que no tiene cabida fuera de ese
paisaje que se han inventado los hombres.
Eida tenía pasión por esos raros bergantines
que se hacen como tabla de salvación,
para estos horizontes. Y yo sigo creyendo en que el mar
es una pieza única para guardar el silencio, un algo.
No hay mayor precisión que sentir el viento
a barlovento cruzar por tu cuerpo, especie
de islas pequeñas, islas diminutas
para el que no logró alcanzar el tiempo real,
la puerta como salida definitiva, como tabla
flotante sobre estos versos. Eida,
que ahora no me escucha conoce de ese fingimiento,
ahora guillotinado por las palabras,
por los hombres que vinieron después por creerse
diminutos héroes de la contienda,  y empezaron
a escribir contra los poetas. Difumino la luz,
a contraluz, si queda algo de luz. Tabla también de salvación,
escondrijo para el que solo vino a confirmar
con silencios y palabras lo que había a favor
y en contra de estos amaneceres que ahora
quedarán sobre tu cabeza.  Es usted un viajero incontinente
por estos pasillos, a la deriva.
en la pátina del sitio, sepa de una vez
que ya no hay nada que buscar.

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Boitel, el poeta remediano (Villa Clara) con tantos premios a cuestas (el último: Premio Internacional de Microficción para Niños y Niñas «Francisco Garzón Céspedes» 2009), ha dedicado a mi ciudad de Santa Clara este poema:

Parque Leoncio Vidal, Santa Clara, Villa Clara

Parque Leoncio Vidal, Santa Clara
 
  RAPSODIA EN MI MENOR PARA LA CIUDAD DE SANTA CLARA

  sobre el tablero la noche invade
  con luz el estereotipo
  del hombre solo,  el anima
  sola. el espíritu vivo
  del que llega es como tierra santa,
  y es clara el agua como la aparente luz
  que proviene de los montes
  el espíritu se adueña
  de todo lo que va marcando el inicio,
  los días que vendrán
  entre estas calles
  donde alguien interpreta
  para una multitud
  una rapsodia en mi menor
  frente a la ciudad de Santa
  Clara, ante cielo semejante.
 
  nunca digas que eres un hombre
  real, austero, un visionario,
  un genio ante el mundo
  de las cosas, deja que el espíritu
  vivo sea como los océanos
  a la tierra nuestra, a la mano
  poderosa que alguna vez
  dibujó estos caminos
  y los hizo suyos antes que la noche
  sea otra noche.
 
  Adriana tenía una rara sensación cuando vio al Cristo sobre los tejados de
  la ciudad de Santa Clara. la imagen indicaba, como un espejo, ciertos
  círculos de la vida. improbable resulta la hipótesis de que fue un vago
  rumor el hallazgo.  un airecillo  llegó a los pies de la muchacha que fue
  a
  confesarse con la única prueba de tener todavía en sus ojos la nostalgia
  de
  un Cristo que llevaba en sus manos unas ramas de jazmín y una lamparilla
  con
  incienso.
 
  Adriana habló de una extraña melodía.
 
  sobre la tierra de la isla /
  vive el héroe y la mano poderosa crea
  los cimientos / la  otredad /  el hosco sendero
  donde el artista como buen vigía nocturno
  levanta sus columnatas / el perfil
  bronceado del hombre nos devuelve
  la savia de Martí / indetenible / donde la mano
  alcanza otros cielos / la plegaria
  sobre la tierra de la isla /
  donde se anega la paz en claros innombrables
  lleva el Maestro, con parsimonioso paso
  a  hombres fieles.
 
  todavía escucho el aire de cuaresma
  sobre los ventanales, la imagen del Che
  se descifra entre los techos
  que forman la avenida y el país, el aliento
  de los  árboles del traspatio
  nos invoca esta rapsodia escrita
  para festejar el paso del pueblo victorioso
  sobre la ciudad, la mano que se levanta
  es hoy la mano más austera, la más fiel,
  la mano que ayuda a la otra mano a seguir
  adelante, la mano del obrero, del campesino,
  del que reside en estos predios,
  es la mano virginal, ceremoniosa
  que dice su canto como plegaria de luz
  en lo divino.
 
  entre las sombras del traspatio / escuché esta rapsodia
  en una ciudad que se hizo en mí /
  que ya no existe /  en el stradivarius /
  después de las aguas de mayo  / como si fuera Santa
  Clara una comarca /  un puerto donde alcanzaría
  la gloria  que ahora  dibujo con toda la extraña  precisión
  de un artista de provincia

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