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Posts Tagged ‘prensa cubana’

Frecuentemente los correctores nos encontramos ante múltiples errores que cometen los periodistas, y la mayoría de las veces nos cuesta trabajo hacerles comprender. Estos que señala Alexis Schlachter se reiteran en la prensa escrita, radial y televisiva tanto cubana como extranjera. Espero que esta explicación tan detallada y científica convenza a todos los que yerran. Los que velamos por el buen decir (y escribir), le agradecemos a Schlachter su preocupación por enseñarnos día a día.

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ERRORES Y SILENCIOS GEOGRÁFICOS MÁS FRECUENTES EN LA PRENSA CUBANA

-¿Problema sólo de los periodistas del patio?
-Los que señalaremos no son equivocaciones exclusivas de los profesionales de la información de nuestro archipiélago caribeño pues tales errores se multiplican en colegas de las cuatro esquinas del planeta. Y los silencios también. Seamos justos y precisos…
-De acuerdo. Adelante, amigo de Cubaperiodistas…
-Comenzaré por una palabrita que acabo de decir: nuestro archipiélago refiriéndome a Cuba, al país en toda su extensión… pero en los medios de comunicación del patio esa idea se traduce masivamente como la mayor de las Antillas, refiriéndose equivocadamente al estado cubano como isla (la mayor isla de las Antillas) cuando, en realidad nuestra nación -en su integridad- es un conjunto de islas mayores y menores junto a cayos pequeños. Léase el artículo 11 de la Constitución de la República y, también, cualquier diccionario geográfico de Cuba.
-Usted se refirió ampliamente a ese asunto en una reciente sección de Geografía polémica. Pero continúe, por favor…
-El término norteamericano, resulta común en nuestra prensa lo mismo en una noticia sobre soldados de Estados Unidos de América en Afganistán que para referirse a cualquier equipo deportivo nacional de la patria de Abraham Lincoln. Aclaro que norteamericano es una palabra geográfica y no política. Quiero dejar bien sentado esto. Porque norteamericano, geográficamente equivale a cualquier ciudadano que habite en Norteamérica o América del Norte, a saber, canadienses, groenlandeses y mexicanos. Y americano es, geográficamente, el ciudadano que viva en América. Americanos, pues, somos los cubanos, brasileños, haitianos, colombianos, venezolanos, chilenos, argentinos… y también los habitantes de EUA; dicho esto sin margen para “un caso excepcional” como cuando el 11 de septiembre de 2001 la CNN puso un curioso letrero de fondo mientras pasaba imágenes de la destrucción de las Torres Gemelas. Decía el mensaje textualmente: América under attack (América bajo ataque) una forma muy sutil de equiparar sicológicamente al país llamado Estados Unidos de América con todo un continente.
-Entonces, ¿qué término utilizaría usted para referirse correctamente al ciudadano de Estados Unidos de América?
-Estadounidense. La misma palabra que se utiliza en sus pasaportes. Cualquier diccionario puede confirmar esto, mi amigo. Y, a propósito… existen geopolíticamente en América dos Estados Unidos: uno, el más conocido, es Estados Unidos de América…
-¿Y el otro…?
-Estados Unidos Mexicanos, nombre oficial de la nación azteca… pero olvidado por la prensa mundial. Le aclaro que los mexicanos no pueden utilizar como sinónimo o gentilicio estadounidenses porque, históricamente, los norteamericanos de USA se adelantaron.
-¡Interesante! No sabía eso…
-Continúo. Sobre el supuesto Viejo Continente para referirse en la prensa a Europa ya hablé en otra sección de Geografía Polémica. Ni Europa es continente, sino parte de Eurasia, ni es más vieja esa zona que el resto de las tierras emergidas de nuestro planeta.

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Por Alexis Schlachter

8:00 p.m.: Hora del estelar Noticiero Nacional (NTV). Se suceden las informaciones y ocurre algo sorprendente, curioso y llamativo: hay dos formas totalmente diferentes de mencionar geográficamente al estado cubano, según la profesión del informante sea la de periodista o la de meteorólogo. Los primeros plantean:

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(deportivas) Los bateadores del equipo nacional de la isla…

(internacionales) Estados Unidos bloquea a la isla desde hace más de cuatro décadas…

(nacionales) El Coordinador Nacional de los Comités de Defensa de la Revolución de la isla…

(culturales) El Ministro de Cultura de la isla…

(política) El gobierno de la isla considera…
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Paralelamente, y dentro del mismo horario nocturno (y en los otros horarios también), el Instituto de Meteorología da a conocer el parte diario sobre el estado del tiempo en nuestro país. Y lo hace refiriéndose al territorio nacional como un archipiélago, no una isla. Llueva, truene, haya marea alta o baja, se acerque un ciclón a nuestras costas o se aleje de ellas, haga frío o calor, los meteorólogos del patio utilizan el término geográfico de archipiélago para referirse a noticias que tengan que ver con el espacio geográfico del estado cubano en su totalidad. Nunca, ni por equivocación, hablan de la isla de Cuba al referirse a sucesos meteorológicos que afecten al país. Por cierto, lo que sucede en el NTV cada noche se extiende por el resto de la prensa nacional. Y aún en la extranjera pues ésta no es excepción…

¿Quién tiene la razón? Sólo hay una posibilidad de acertar pues, desde el punto de vista estricto de la ciencia geográfica, el país o es una isla… o un archipiélago. Imposible que sea las dos cosas a la vez.


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Veamos la definición de isla según el Diccionario de la Real Academia Española.

isla. (Del lat. insŭla). f. Porción de tierra rodeada de agua por todas partes.

Ahora comprobemos cómo define la misma fuente al archipiélago.

archipiélago. (Del gr. ἀρχιπέλαγος). m. Conjunto, generalmente numeroso, de islas agrupadas en una superficie más o menos extensa de mar.

Entonces no es lo mismo, según la geografía, una isla solitaria en el mar que un archipiélago o conjunto de islas. Estamos de acuerdo hasta aquí.

Pero, por fin, ¿qué es el estado cubano en su totalidad?, ¿hay alguna disposición académica, política o histórica para plantear que Cuba- el estado cubano- es isla y archipiélago al mismo tiempo?

Vayamos despacio, y por partes. La isla de Cuba existe… y el archipiélago cubano también desde el ángulo de la más estricta ciencia geográfica. ¿Cómo es esto?, ¿cómo entender que ambas definiciones sean correctas si este periodista señala que, sobre el particular, o el Instituto de Meteorología se equivoca… o la prensa nacional?

Sencillo. La isla de Cuba, con 105,006 km2 es la mayor de las que componen al archipiélago cubano (puede comprobarse esto en el Diccionario Geográfico de Cuba, obra oficial de la Comisión Nacional de Nombres Geográficos integrado por 15 instituciones nacionales encabezadas por el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, página 105). Luego, hay una isla de Cuba sin lugar a dudas… pero no representa a todo el territorio nacional. Porque la República de Cuba, según la misma fuente, es un archipiélago formado por más de 1,600 islas, islotes y cayos. Y, de acuerdo con lo que plantea la obra en su página 170, no olvidar que la segunda isla en área de nuestro país es la Isla de la Juventud con 2,419 km2 de territorio físico. Mientras la tercera isla cubana en extensión es considerada Cayo Romano, con 777 km2 y situada al norte de Camagüey, según se plantea en la página 300 de la citada obra de consulta.

De ahí que cuando el NTV, o cualquier otro medio informativo de la prensa nacional, menciona a dirigentes nacionales de “la isla”, lo hacen incorrectamente pues esos compañeros cumplen sus funciones en todo el territorio nacional y no en una parte de éste.

Comprobemos qué dice la ley de leyes de nuestro país sobre lo que es el estado cubano. La Constitución de la República de Cuba, en su artículo 11 nos recuerda a todos, sin excepción alguna, que nuestro país- un estado nacional- no sólo está formado por la isla de Cuba.

artículo 11. El Estado ejerce su soberanía:

sobre todo el territorio nacional, integrado por la Isla de Cuba, la Isla de la Juventud, las demás islas y cayos adyacentes, las aguas interiores y el mar territorial en la extensión que fija la ley y el espacio aéreo que sobre éstos se extiende…

En este punto vale la pena hacer un alto y preguntarnos todos dónde puede estar la génesis del error geopolítico de medios de comunicación cubanos e internacionales en el año 2010 al ofrecer noticias sobre el estado cubano en su conjunto calificándolo incorrectamente como “isla de Cuba”. Pues, aunque sorprenda esto, para hallar respuesta a tal  inquietud lógica tenemos que retrotraernos a la época en que España dominaba a Cuba. Fue entonces cuando los amanuenses del Reino hispano acuñaron la frase “la siempre fiel Isla de Cuba” que, incluso, apareció públicamente durante 4 siglos en el papel moneda de la época colonial cubana. Tanto se repitió el error geográfico que éste quedó en la mente de los mambises quienes fueron a pelear por la “libertad de la isla de Cuba”. Tal concepto geográfico equivocado no pasó inadvertido para el imperio estadounidense que, en 1898, provocó la guerra contra España. En el Tratado de París de diciembre de  aquel año, que puso fin a la contienda, se reconoció, por ejemplo, la condición de archipiélago para Filipinas,  pero se planteó cínicamente y de manera aviesa, el carácter de isla para Cuba. Esto tuvo consecuencias políticas negativas para nuestro pueblo. Isla de Pinos, como se llamó durante siglos a esa parte del territorio nacional, quedó fuera de la soberanía cubana durante varias décadas con la intención imperialista de cercenar, a la larga, ese territorio de la naciente y débil república. Para tal objetivo, entre otros, sirvió la llamada enmienda Platt, impuesta a la naciente República de Cuba a inicios del siglo XX. Y, que conste, el gobierno de Estados Unidos de América no carecía entonces, ni ahora, de excelentes especialistas en temas geográficos que conocían perfectamente el error de llamarle isla a lo que era, y es, un archipiélago.

Añadamos algo más. En nuestros días, ha habido también cierto grado de romanticismo en los medios sociales cubanos que consideran hermoso plantear cómo “una isla solitaria y pequeña en el Mar Caribe enfrenta valientemente las amenazas del mayor imperio que ha conocido la historia humana”. Desconociendo no sólo el carácter geopolítico de archipiélago de nuestro estado, lo cual no quita un solo adarme de grandeza a la lucha heroica del pueblo sino, además, sin saber que Cuba no es tan pequeña. Porque, aunque asombre a más de uno, el estado cubano se encuentra  -en área territorial- por encima de casi la mitad de las naciones del planeta.

Pero esto será objeto de una próxima Geografía polémica en Cubaperiodistas. ¡Ah, y algo importante! El autor está listo para el debate si algún lector lo desea. Ratifico que el Instituto de Meteorología no se equivoca, ni geográfica ni políticamente, en sus partes diarios sobre el tiempo al señalar a Cuba como archipiélago y no como simple isla. Aquí estamos listos para la controversia sobre tal tema si alguien lo decide.

Tomado de Cubaperiodistas

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Mi ex condiscípula, amiga y colega Mercedes Rodríguez García obtuvo mención en el concurso Juan Gualberto Gómez. Mi amigo y colega también Luis Machado Ordetx nos la presenta en su entrega al periodismo:

Mercedes Rodríguez García, un pacto indestructible con la profesión. — Del periodismo y la vida, un encuentro con el lector.

        Ella la santa patria, impone singular reflexión; y su servicio, en hora tan gloriosa y difícil, llena de dignidad y majestad.
                             Martí, en Patria, 17 de abril de 1894

Entre libros, en una de sus constantes búsquedas de la información y el detalle de la historia. 

Entre libros, en una de sus constantes búsquedas
de la información y el detalle de la historia.

La mañana no es destejida por un solo gallo, decía el pensador Cabral de Melo Neto, y eso ocurre con marcada frecuencia en el periodismo y en otras profesiones. Sin embargo, en la nuestra, el método de laboreo y la armonía interna de la frase escrita o hablada, obligan a contemplar la verosimilitud de aquella frase de Cicerón, cuando declaró: «Los hombres son como los vinos: la edad agua los malos y mejora los buenos». Es verdad de Perogrullo, y así percibo a la colega María Mercedes Rodríguez García.
De su sed martiana, y del ofuscamiento en defensa de los argumentos, hasta propiciar la razón, la reconozco desde  hace más de cinco lustros en ejercicio permanente dentro de la Redacción de Vanguardia. Ella, con su delgadez extrema, se antoja como un «gallo» en clarinada; también en componer un texto para las páginas del diario, y en rebuscar en las esencias del estilo —en definitiva la forma—, con el propósito perfectible del discurso que recibe un destinatario común o exigente.
Con hablar rápido, como si caminara a zancadas firmes entre un terreno movedizo, esta mujer despojada de cualquier misterio que entrañe la vida, habla sin ningún recato con el más anónimo de los transeúntes. De ese modo proyecta el conocimiento a partir de la curiosidad del que aprende a cada instante.
Vino a la Redacción en calidad de secretaria de la Dirección. El espíritu por crecer la envolvió en una constante superación profesional, hasta que, en poco tiempo, se involucró en el mundo de la escritura, en el universo reporteril, el aprendizaje teórico, las discusiones, y la rectificación de los «tiros» que obligan el tiempo, la familia y el diarismo.
La humildad y la infatigable disposición congénita por la curiosidad, la investigación, la lectura y el orden de las cosas dispuestas a su alrededor, impregnan la locuacidad de su conversación. Tal vez sea por estar «tocada» por un ala mágica durante el nacimiento, aquí en Santa Clara, ocurrido el último lunes de noviembre de 1951.
La jornada por el Día de la Prensa Cubana y la reciente Mención del Concurso Juan Gualberto Gómez —reconocimiento que entrega la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) por la obra periodística en el 2009—, incitan a escarbar en los vericuetos de la profesión, al intercambio de pareceres teóricos, a las puntualizaciones en torno a la docencia, al despojo de antifaces, a la precisión y la urgencia creativa del escriba.
Hoy no anda mi colega inmersa en palabras con devaneos. Jamás lo consideraría de su agrado. Tampoco imparte una clase a los estudiantes universitarios; mucho menos, redacta un texto para Vanguardia o la bitácora personal
http://lateclaconcafe.blogia.com. Ella está urgida en atenderme, y anda desprovista de la acostumbrada bufanda que la protege de la frialdad de estos días. No quiere del coqueteo perturbable de las palabras, y en el pacto tiene una exigencia: el olor y el humo del insustituible cigarro y el aroma del café, considerados dos nocivos «atributos» que la cualifican.  Entonces, hablemos de periodismo, de docencia y, también, de la vida.

HACER DEL ESCRIBA

—¿Hay exquisitez por el diario, aun cuando «nada hay más viejo que el periódico de ayer»?
—En el buen periodismo predomina lo contingente —como decía Carpentier—, se trabaja en «caliente». Pero existe otro porcentaje planificable. Soy perfeccionista y hasta en lo caótico trato de imponer el orden. En un medio de prensa, como en cualquier otro centro, debe primar la tendencia a mejorar indefinidamente el trabajo sin decidirse a considerarlo acabado. Nada humano es perfecto, así que tampoco lo podrá ser un periódico. La perfección es solo el camino obligado hacia una meta.
—¿Y la calidad de un periódico?
—No te voy a hablar de parámetros porque los lectores no van a entender los tecnicismos; así que recurriré al símil. Siempre digo que las casas se parecen a sus dueños. Para mí lo más importante de un periódico es la redacción, considerada por muchos el corazón de un diario, el horno donde se cuece el pan, cuya calidad depende básicamente de la materia prima; mas también de que se cumpla lo normado para el resto de los ingredientes. Hay pan de corteza dura y pan de corteza suave, por ejemplo. Cada cual requiere de un tiempo y de una temperatura de horneado exactos. El otro factor, tal vez el más importante, es el panadero, que puede ser experto o inexperto, joven o viejo, pero sobre todo honrado. Se trata de un encadenamiento inviolable. Un solo eslabón que se rompa echará a perder la camada.  Y como las panaderías trabajan a toda hora y para toda la población, sus administradores y jefes de turno han de permanecer atentos a un proceso que parece simple, por cotidiano y rutinario. ¡Nada tan alejado de la verdad!
El rostro de Mercedes se contrae; sabe de la compenetración, de los años de relaciones profesionales, de la amistad que entraña y obliga el tiempo, de la lealtad y de la interrogante disparatada o razonada  que un periodista suele aportar, impuesto siempre de que «no hay pregunta más tonta que aquella dejada de hacer» en el sitio y el momento menos oportuno en que brote una idea. Los labios de mi colega se aprietan; su mentón tiende a lo prominente cuando escudriño:
—¿A quién(es) de los colegas recuerdas con agrado a la hora de redactar en la inminencia del cierre?
—Soy de las personas que no olvidan ni a uno solo de mis colegas, ni muertos ni vivos, ni activos ni jubilados. Cuando entré a Vanguardia tenía 23 años y ya voy a cumplir 59, así que he enterrado a más de una docena y he despedido a otros tantos. Sin embargo, siempre recordaré a tres hombres y una mujer que fueron mis paradigmas, como seres humanos y como profesionales: Otto Palmero Rodríguez, Roberto González Quesada, Miguel Ángel Pérez Cuéllar y Mirta Azalia Silverio. Yo aprendí de todos, y aun lo hago de mis alumnos, de mis lectores y hasta de mis familiares, que son mis jueces más severos. El aprendizaje nunca termina y es infinito mientras vivamos.                                                       
Otra duda asalta. La embisto para indagar más; bien sabe ella, y reconozco, las dificultades subjetivas que provocan el intercambio público entre dos periodistas. No queda otra opción:
—¿El diarismo reside en tu escritura?
—Vivo el día en el amplio sentido del término. Detesto dormir y hasta comer porque los considero una pérdida de tiempo. Vivo a un ritmo muy intenso, y disfruto cada segundo aunque sea de amargura. Me nutro hasta de la rabia, las incomprensiones y el dolor ajeno. Nada me resulta indiferente. Escribo como vivo y vivo como escribo.
Pero la dejo aún más con la boca abierta en otra de mis disquisiciones:
—Cuando (in)voluntariamente aparece un dato falso, un error, un dislate, ¿cómo lo sufres?
—Aunque los años me han enseñando a tomar con alma este tipo de situación, si no es por mi culpa, monto en cólera; si fui yo quien metió la pata, me dan ganas de tirarme por el balcón, ¡y vivo en el último piso de un edificio de doce plantas!  He cometido pifias y deslices, pero nunca errores graves. Fuera injusta si no reconozco unos cuantos «salvavidas» que me han «lanzado» las correctoras.
Y…
—De los textos publicados, ¿el de mayor alegría? ¿Y el de grandes sinsabores? ¿Por qué?
—Disfruto todo lo que escribo y le pongo el corazón hasta en una gacetilla. Para mí escribir es como una pelea de boxeo; hay veces que termino noqueada, pero feliz. No me arrepiento de una sola palabra de las millones de millones que he escrito, y no escribo nada de lo que no esté convencida. En nuestra profesión abundan los sinsabores; sin embargo, también hay ratos memorables. Me gusta el periodismo que incomode y me incomode. No guardo ni más ni menos cariño a uno u otro trabajo. Todos, como mis hijos, llevan mi apellido, y los disfruto más allá de ciertas malacrianzas.
—De los géneros, ¿cuál te cualifica?
—La entrevista de personalidad, desde que la pienso hasta que la escribo. Soy muy conversadora y elocuente, investigadora y cuestionadora por excelencia. Es el género para descubrirle el corazón a la gente. Y no te lo van a mostrar si antes tú no le muestras el tuyo.
—Los lectores, ¿qué son? ¿Cómo llegan sus rumores?
—Cuando escribo solo pienso en los lectores, que son nuestra razón de ser, y que para mí carecen de rostro; «acomodo» el lenguaje, algo muy importante para que el mensaje llegue rápido y directo; sin diferenciar, incluso, dónde esté el receptor, que también puede ser «internauta», en el caso del llamado periodismo digital.  Abogo por estudios científicos de percepción, recepción e imagen, aunque resultan difíciles y costosos. Pero andamos en la calle, ¿no? Te llaman por teléfono, te escriben. Muchas veces yo misma le pregunto a mis amistades, vecinos, profesores y estudiantes de la Universidad.

Mercedes Rodríguez García durante uno de los diálogos personales o colectivos que sostuvo con Fidel.

Mercedes Rodríguez García durante
uno de los diálogos personales o colectivos
que sostuvo con Fidel.

En el pacto discursivo, observo en la sala de la casa a mi colega en una foto en la que Fidel la escucha durante uno de los recesos de las sesiones del V Congreso de la FELAP; conversaban de medicina, de los tiempos en que ella dejó truncos los estudios de esa carrera, y también de las transformaciones que ocurrirían en el país con un ejército de galenos dispuestos al servicio de la humanidad. Era 1986, y el escenario, el Palacio de la Revolución. Sé de su devoción por Martí, de las lecturas constantes de la más trascendente de las literaturas, de la interpretación de los rostros de las personas, de las investigaciones teóricas sobre el periodismo de Fidel antes del asalto al Moncada. Entonces, la conmino a otra definición:
—¿Qué representa el líder; también el periodista y pensador?
—No te voy a hablar de sus características de líder ni de sus genialidades ni de su humanismo ni de otros tantos caracteres descritos ya por grandes personalidades. Para mí es un caballero valiente, animoso y pujante con un energía que parece exceder y desafiar a las fuerzas naturales.

RESUCITADA INSPIRACIÓN

En las acostumbradas tertulias informales, tanto en su hogar como en la calle, siempre persiste una reprimenda:
—¿Hasta cuándo dormirán los libros de poesía y de testimonio el sueño inconcluso en una gaveta hogareña?
—No están dormidos; reposan para ver si aumentan de peso.
—La poesía, ¿inspira o aparta del periodismo?
—No concibo la vida sin poesía. Tampoco se puede forzar. Se lleva adentro y sale sola. No todos la ven, pero se mueve. Quien en ella se inspira es de algún modo un ser superior.
—¿Cuál libro escribirías de urgencia?
—Sin chovinismo: mi autobiografía novelada. Sería un best seller. Descubriría a mucha gente y revelaría no pocos secretos, ajenos y propios.
—La familia, ¿qué representa?
—La familia constituye un soporte para edificar un rascacielos. Cuando le sobrevives, es el mejor recuerdo, una nostalgia infinita y perenne, aunque en mi caso a veces me ha resultado una «carga pesada». 
—Dices que «mueres con las botas puestas»; ¿cómo la auguras en la distancia?
—No la espero; ¡que me sorprenda! De algún modo ya estoy clonada. ¡Que llegue cuando tenga que llegar! Como le digo a mis alumnos: «Ya crucé el Pacífico y el Atlántico». Dios me dio la vida para vivirla y la muerte para morirla, aun cuando de esta última nadie ha retornado para contarla. Te juro que haré todos los esfuerzos posibles por regresar, así que espérenme con una taza de café, una caja de Populares y una botella de Havana Club.

UN DISCURSO DESVELADO

En el aula, por improvisada que sea, Mercedes erige siempre una tribuna para enseñar con modestia lo poco o lo mucho que sabe de la poesía de la vida; del periodismo y su teoría; de los quebrantos y anhelos espirituales; de las devociones por los cursos de la historia. Por supuesto, en la docencia, también su voz y ejemplo imponen un gozo, un reto inclaudicable dentro de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, institución que la acogió como uno de los más anónimos profesores cuando se inauguró la carrera de Periodismo hace más de un lustro en ese centro de estudios.

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