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Posts Tagged ‘redacción periodística’

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Foto tomada de encontactozac.com


Los periodistas debemos buscar la verdad como parte del derecho de la comunidad a conocerla. Nuestro trabajo implica responsabilidades que nos obligan a comportarnos con veracidad, justicia, objetividad e inteligencia. La defensa de los principios éticos es el cimiento de un verdadero periodismo y también el mejor conducto para la defensa del derecho inalienable de todo un pueblo en Revolución.
Todos debemos suscribirnos a guías para ayudar a quienes buscan soluciones a los complejos problemas que puedan surgir. Talento, temperamento, dedicación y ética profesional son cualidades indispensables para desempeñar el quehacer periodístico. Deben regir y regular el actuar de todo buen profesional del sector. Son instrumentos que median tanto con la conciencia, como en las relaciones profesionales con los interlocutores.
El periodismo es una profesión de continúo aprendizaje, los periodistas nunca terminamos de aprender y diariamente hacemos acopio de nuevos recursos para intentar mejorar nuestro desempeño. Cuando un periodista considera que ya nada le es ajeno y que aprendió lo que tenía que aprender, comienza su declive. Si jamás sacia su hambre de aprender, sí nunca pierde la curiosidad, sí cada día siente con mayor fuerza la noticia, cada día será mejor y más completo como periodista.
Obtener un buen lead es crucial en la redacción periodística, por ser lo que provoca el interés de un lector, lo que lo engancha e impide salte defraudado a otra columna. Hay que atraparlo párrafo tras párrafo, seducirlo para que lea, y persuadirlo de que continúe haciéndolo hasta el final. Eso, unido a la tenacidad obsesiva en presentar impecable la información, debe ser el sello distintivo de cada periodista.

AVE REVELA GENES DEL LENGUAJE

Un consorcio internacional de científicos descifró el genoma del pinzón cebra, un pájaro doméstico común y modelo preferido para estudiar el lenguaje humano. El hallazgo es importante no solo porque nos ilumina en el origen de sus trinos, sino por lo que puede repercutir en nuestro provecho. Ofrece una estructura sólida para conocer el origen genético del lenguaje humano, así como nuevas claves para tratar enfermedades que afectan directamente al habla; desde la tartamudez al autismo, pasando por el párkinson o el alzhéimer.

¡OJO! CON EL USO DE LOS VERBOS

Hay que tener cuidado para no pecar. Cada verbo tiene un significado y no siempre los sinónimos reflejan lo que el periodista quiso expresar. Decir no es lo mismo que declaró ni aseguró, que son verbos mucho más fuertes y formales. Tampoco es lo mismo que comentar, que es incidental, o revelar, que tiene algo de misterioso. Menos se parece a advertir, que tiene una connotación de amenaza. También deben cuidarse los tiempos verbales de un despacho, pues cambiar sin fijarse, de pasado a presente resulta imperdonable para un profesional de la prensa que debe conocer que los géneros periodísticos informativos siempre emplean el tiempo pasado, aunque algunos reportajes y entrevistas se permitan la licencia de utilizar el tiempo presente.

PROLETARIO, LA PALABRA DEL DIA

Cuando Karl Marx presentó al mundo en 1848 su Manifiesto comunista, con el conocido llamamiento “proletarios del mundo, uníos”, la palabra proletario ya contaba con más de dos mil años de existencia. En la Roma imperial, los proletarii eran los ciudadanos de la clase más baja, que no tenían propiedades y cuya única utilidad para el Estado era generar proles (hijos) para engrosar los ejércitos del imperio. Marx retomó el término para designar a los obreros de la sociedad capitalista del siglo XIX, quienes no tenían, tal como los proletarios romanos, nada que ofrecer a la sociedad, excepto su fuerza de trabajo y sus hijos para reproducir, según esta doctrina, las relaciones capitalistas de producción.
(Fuente boletín Los Muñequitos-PL)

Cubaperiodistas

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Redacción 

A diario los correctores tropezamos con disímiles de problemas gramaticales, ortográficos, de redacción… Creo que si hubiera anotado todas las barbaridades que he corregido en los años que llevo en este tan anónimo oficio, tuviera publicados ya varios tomos. Aplaudo este artículo de Juan Morales Agüero, publicado en Eco Tunero, más que todo porque, como tantos, aboga por salvar nuestra lengua española:

VICIOS DEL LENGUAJE EN LA REDACCIÓN ACTUAL
 

La redacción periodística escrita suele ser muy a menudo un auténtico ejercicio de tormento profesional. “¡Mi reino por un caballo!”, dicen que exclamó, desesperado, el rey inglés Ricardo III en un célebre drama de Shakespeare, cuando estaba a punto de morir a manos de las tropas de Enrique IV. “¡Mi vida por un primer párrafo!”, exclamamos, angustiados, los cronistas de la cotidianidad cuando el intelecto se resiste a tomar la arrancada frente los apremios de una cuartilla en blanco.

En efecto, tributar para un periódico es para nosotros los profesionales de la prensa como cruzar aceros con la exigencia técnica y con la rigurosidad editorial. Se trata de que la prosa de prisa, como agudamente llamó al periodismo ese gran periodista que fue Nicolás Guillén, no está solo concebida para llegar de una manera directa, sencilla, sucinta y completa a sus lectores potenciales, sino también —y eso no es menos importante— con un nivel decoroso de factura estilística. Redactar es más que poner una palabra detrás de la otra: es escribir con apego a las normas del idioma y enunciar con claridad, elegancia y concisión lo que se pretende decir.

Son numerosos y heterogéneos los “virus” que contaminan hoy al discurso periodístico escrito a todos los niveles. Entre ellos, tal vez uno de los más nocivos sea el llamado lugar común, locución acuñada por Aristóteles en la época de oro de la oratoria griega y suerte de plaga léxica conocida también por las denominaciones de frase hecha, cliché idiomático y estereotipo semántico. Por estos giros debemos entender el uso indiscriminado de argumentos, análisis y juicios que, aunque fueron inicialmente precisos y justos para definir fenómenos y situaciones determinadas, gastaron toda su capacidad de sugerencia de tanto repetirse y repetirse. Ninguna es capaz de ofrecer ya una visión objetiva sobre un tema. Como funcionan en cualquier contexto, tampoco ayudan a comprender bien aquello de lo que se habla, pues su simpleza aburre al lector culto y confunde al lector ocioso.

Comenzaré con un ejemplo bastante frecuente en nuestra prensa escrita: masivo acto. ¿Dice realmente algo tan simplista y ambigua manera de describir una reunión de cierta cantidad de personas? ¿Logra alguien hacerse una idea más o menos exacta de si fueron cien o mil los individuos participantes? Definitivamente, no. ¿Y saben por qué? Pues porque nos hemos acostumbrado a emplear la frase con análogos propósitos tanto cuando cubrimos una graduación estudiantil de secundaria como cuando reseñamos una Tribuna Abierta de la Revolución.

Otro caso notorio es el de merecidas vacaciones. Decimos: Fulano de Tal no pudo estar presente en la actividad porque se encuentra disfrutando de unas merecidas vacaciones. El lector avezado se pregunta al vuelo, suspicaz: “¿le consta al periodista que esas vacaciones son realmente merecidas? ¿Por qué las califica con esa seguridad absoluta? ¿No sería más sensato para él limitarse a decir que la persona en cuestión está, sencillamente, de vacaciones… y punto?”

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