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El  5 de marzo de 2011  publiqué el ensayo “Cecilio Acosta”, que José Martí divulgó en el segundo y último número de la Revista Venezolana, el 15 de julio de 1881, a raíz de la muerte de este importante escritor, periodista, exponente del humanismo durante la segunda mitad del siglo XIX venezolano e integrante de la generación intelectual de la Independencia y la República.

Por mediación de mi amiga y poeta Siboney del Rey, de Venezuela, pude contactar con María Esperanza Márquez (Documentalista Bancaria), quien fraternal y desinteresadamente me envió los pdf de partes de las Obras completas de Cecilio Acosta, que a su vez le facilitó Elsy Rangel, de la Biblioteca Nacional de Venezuela, que incluyeron como prólogo aquel ensayo, así como este retrato:

Índice de las Obras completas de Cecilio Acosta donde parece el prólogo de José Martí y primera página del prólogo.

Portada y contraportada del tomo I de las Obras completas de Cecilio Acosta que atesora la Biblioteca Nacional de Venezuela.

VEA: Cecilio Acosta, por José Martí

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El 28 de julio de 1881 José Martí tuvo que abandonar a Venezuela. El día anterior le escribió una carta de despedida a su amigo Fausto Teodoro de Aldrey; se había convertido en persona no grata para el Gobierno de Antonio Guzmán Blanco, entre otras cuestiones, por su amistad con Cecilio Acosta,* un intransigente fustigador de la dictadura que regía en Venezuela. Cuando Cecilio Acosta murió, Martí escribió un ensayo en el que elogiaba a ese intelectual liberal, y lo publicó en el segundo y último número de la Revista Venezolana. Esto le valió que Guzmán Blanco le haga llegar su voluntad de abandonar el país, lo que hizo al día siguiente.

Caracas, 27 de julio de 1881

Sr. Fausto Teodoro de Aldrey

Amigo mío:

Mañana dejo a Venezuela y me vuelvo camino de Nueva York. Con tal premura he resuelto este viaje, que ni el tiempo me alcanza a estrechar, antes de irme, las manos nobles que en esta ciudad se me han tendido, ni me es dable responder con la largueza y reconocimiento que quisiera las generosas cartas, honrosas dedicatorias y tiernas muestras de afecto que he recibido estos días últimos. Muy hidalgos corazones he sentido latir en esta tierra; vehementemente pago sus cariños; sus goces, me serán recreo; sus esperanzas, plácemes; sus penas, angustia; cuando se tienen los ojos fijos en lo alto, ni zarzas ni guijarros distraen al viajador en su camino: los ideales enérgicos y las consagraciones fervientes no se merman en un ánimo sincero por las contrariedades de la vida. De la América soy hijo: a ella me debo. Y de la América, a cuya revelación, sacudimiento y fundación urgente me consagro, esta es la cuna; ni hay para labios dulces, copa amarga; ni el áspid muerde en pechos varoniles; ni de su cuna reniegan hijos fieles. Déme Venezuela en qué servirla: ella tiene en mí un hijo.

Por de contado cesa de publicarse la Revista Venezolana; vean en estas frases su respuesta las cartas y atenciones que, a propósito de ella, he recibido, y queden excedidas por mi gratitud las alabanzas que, más que por esas paginillas de mi obra, por su tendencia, he merecido de la prensa del país y de gran suma de sus hombres notables. Queda también, por tanto, suspendido el cobro de la primera mensualidad: nada cobro, ni podrá cobrar nadie en mi nombre, por ella; la suma recaudada ha sido hoy o será mañana, devuelta a las personas que la satisficieron; obra a este objeto en manos respetables. Cedo alegre, como quien cede hijos honrados, esos inquietos pensamientos míos a los que han sido capaces de estimármelos. Como que aflige cobrar por lo que se piensa; y más si, cuando se piensa, se ama. A este noble país, urna de glorias; a sus hijos, que me han agasajado como a hermano; a Vd., lujoso de bondades para conmigo, envía, con agradecimiento y con tristeza, su humilde adiós.

*Vea “Cecilio Acosta”, por José Martí

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Luego de leer este ensayo de José Martí sobre Cecilio Acosta (San Diego de los Altos, Miranda, Venezuela, 1-2-1918 – Caracas, 8-7-1881), importante escritor, periodista, exponente del humanismo durante la segunda mitad del siglo XIX venezolano e integrante de la generación intelectual de la Independencia y la República, no pude sustraerme a la tentación de publicarlo, por hermoso y poético, por la ternura que lo invade, por la admiración que sentía por ese erudito que tanto ayudó en la formación de las nuevas generaciones y que murió en la completa pobreza:

Los que le vieron en vida, le veneran; los que asistieron a su muerte, se estremecen. Su patria, como su hija, debe estar sin consuelo; grande ha sido la amargura de los extraños; grande ha de ser la suya. iY cuando él alzó el vuelo, tenía limpias las alas!

Al morir este pertinaz censor del despotismo que imperaba en Venezuela, Martí publicó en el segundo y último número (15-7-1881) de la Revista Venezolana este homenaje, que le valió que el presidente Antonio Guzmán Blanco lo obligara a abandonar el país, y sale para New York en julio de 1881. Entre 1907 y 1909 se publicaron 5 volúmenes de Obras, de Cecilio Acosta, con una introducción de José Martí; en 1940, sus Páginas escogidas, con un prólogo de José Martí, y en 1981, sus Obras completas.

Revista Venezolana
Número 1 de la Revista Venezolana.
Tomada de ENcontrARTE

 

CECILIO ACOSTA. POR JOSÉ MARTÍ

Cecilio Acosta. Ilustración de Francisco Maduro
Ilustración de Francisco Maduro.
Tomada de ENcontrARTE

Ya está hueca, y sin lumbre, aquella cabeza altiva, que fue cuna de tanta idea grandiosa; y mudos aquellos labios que hablaron lengua tan varonil y tan gallarda; y yerta, junto a la pared del ataúd, aquella mano que fue siempre sostén de pluma honrada, sierva de amor y al mal rebelde. Ha muerto un justo: Cecilio Acosta ha muerto. Llorarlo fuera poco. Estudiar sus virtudes e imitarlas es el único homenaje grato a las grandes naturalezas y digno de ellas. Trabajó en hacer hombres; se le dará gozo con serlo. ¡Qué desconsuelo ver morir, en lo más recio de la faena, a tan gran trabajador!
Sus manos, hechas a manejar los tiempos, eran capaces de crearlos.
Para él el Universo fue casa; su Patria, aposento; la Historia, madre; y los hombres hermanos, y sus dolores, cosas de familia que le piden llanto. El lo dio a mares. Todo el que posee en demasía una cualidad extraordinaria, lastima con tenerla a los que no la poseen; y se le tenía a mal que amase tanto. En cosas de cariño, su culpa era el exceso. Una frase suya da idea de su modo de querer: “oprimir a agasajos”. El, que pensaba como profeta, amaba como mujer. Quien se da a los hombres es devorado por ellos, y él se dio entero; pero es ley maravillosa de la naturaleza que sólo esté completo el que se da; y no se empieza a poseer la vida hasta que no vaciamos sin reparo y sin tasa, en bien de los demás, la nuestra. Negó muchas veces su defensa a los poderosos; no a los tristes. A sus ojos, el más débil era el más amable. Y el necesitado, era su dueño. Cuando tenía que dar, lo daba todo; y cuando nada ya tenía, daba amor y libros. iCuánta memoria famosa de altos cuerpos del Estado pasa como de otro y es memoria suya! iCuánta carta elegante, en latín fresco, al Pontífice de Roma, y son sus cartas! ¡Cuánto menudo artículo, regalo de los ojos, pan de mente, que aparecen como de manos de estudiantes, en los periódicos que éstos dan al viento, y son de aquel varón sufrido, que se los dictaba sonriendo, sin violencia ni cansancio, ocultándose para hacer el bien, y el mayor de los bienes, en la sombra! ¡Qué entendimiento de coloso! iqué pluma de oro y seda! y iqué alma de paloma!

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