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Posts Tagged ‘santaclareño’

Garofalo-1

Por Francisco Antonio Ramos García, Angel Gabriel Carrazana Duardo y
José Miguel Dorta Suárez

Si usted pudiera viajar hacia el futuro ¿qué nos contaría a su regreso?, seguramente sobre los avances tecnológicos, el desarrollo social alcanzado, la situación mundial, las costumbres, la moda y otros muchos temas de indudable interés. Sin embargo, no tenemos dudas, las interrogantes principales a las que deberá responder serán sobre como son vistas nuestra generación y obras, lo que hoy amamos con el transcurso de los años.

No conocemos, entre nuestras amistades, a nadie que lo haya realizado. No obstante, todo parece indicar que un santaclareño de finales del siglo xix sí lo logró. Visitándonos en enero del 2000, según nos cuenta en una crónica escrita para sus contemporáneos a su regreso, de la que podemos deducir la admiración causada por nuestros avances sociales y sobre todo por el homenaje que hoy le rendimos a una de las personalidades más relevantes de su tiempo, la benefactora y patriota santaclareña Marta Abreu. (más…)

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Plaza de la Revolución Ernesto Che Guevara en Santa Clara. Foto: Abel Casanova Ballester

El Concurso Nacional Ciudad del Che, que convoca la Filial Provincial de la Uneac en Villa Clara cada año, como homenaje a la figura de Ernesto Guevara, en horas de la tarde del día de ayer, ocho de octubre,  premió a los ganadores de esta nueva edición.

Este sui géneris concurso premia cada año dos proyectos de libros de cualquier tema y género y un poema inspirado en la figura, vida u obra del legendario guerrillero, que presenten los escritores, sean o no miembros de la Uneac y residan en cualquier sitio del territorio nacional. (más…)

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Mi querido amigo Ovidio C. Díaz Benítez, ex historiador de Santa Clara, nos explica por qué el nombre de Santa Clara también nombró la provincia que luego se llamó Las Villas. Cuestión que ha suscitado muchos cuestionamentos. 

Mapa provincia de Santa Clara

Mapa provincia de Santa Clara

La provincia de Santa Clara surgió como consecuencia del Real Decreto promulgado el 9 de julio de 1878, cuyo artículo primero establecía por el gobierno y la Administración de la Isla que esta se dividiera en seis provincias civiles, que tomaron los nombres de sus respectivas capitales.
Así nacieron Pinar del Río, Habana, Matanzas, Santa Clara, Puerto Príncipe y Santiago de Cuba.
Santa Clara ganó como cabecera al ser centro económico y administrativo. El término municipal de Santa Clara se fraccionó en cinco distritos, cinco barrios urbanos y seis rurales.
Los distritos fueron:
Primero: La Parroquia, El Puente y El Carmen. Segundo: La Pastora, El Condado y Los Egidos (barrios rurales). Tercero: Seibabo y Manicaragua (barrios rurales).
Cuarto: San Gil y La Cruz (barrios rurales). Quinto: Báez (barrio rural).
Con esa división se subordinaron a Santa Clara las antiguas jurisdicciones de Sancti Spíritus, Remedios, Cienfuegos, Sagua la Grande y Trinidad.

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Santa Clara, pródiga en poetas y poesía, se vanagloria de que el verso fluya en ella, desde ella, para ella, a partir de sus hijos, nacidos aquí o adoptados. Esta vez les presento este artículo de Carmen B. Sotolongo Valiño:

SANTA CLARA Y LA POESÍA

  Santa Clara, quién te viera si por tus calles pasara
y a la Pastora me fuera a misa de madrugada.

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Niño de la Bota Infortunada, Santa Clara.
Foto: Carolina Vilches Monzón

Santa Clara es un cruce de caminos al centro de la Isla; lejos del mar, lejos de la montaña. Una ciudad pobre, de pobre arquitectura, deslucida, rodeada por la sabana y los marabuzales. Mirada desde arriba —digamos desde el Hotel, todavía su más “alto” edificio— semeja un bosque en medio de un páramo, tantos son los árboles sembrados a lo largo de las generaciones, en jardines, patios y traspatios, solares yermos, parquecitos, algunas calles con ínfulas de avenidas, orillas de arroyuelos y alcantarillas. Los árboles atraen la lluvia: en Santa Clara siempre llueve, exactamente sobre el modesto entramado urbano, pudriendo las maderas de sus techos, acelerando la fuga de sus ruinas. Cualquier pueblo de la provincia pudo tener más esplendor, mayor belleza, Caibarién, por ejemplo, Sagua la Grande. No es colonial, como la octava villa de Remedios, su célula madre, sino superpuesta, porque sobre sus partes antiguas se volvió a construir, demoliendo. Apenas hay algo que mostrar a quienes nos visitan, acaso sea esta la culpa pagada por caminar —con sacrílega ignorancia— sobre los cimientos de la primitiva Parroquial, sepultados bajo el parque Vidal republicano. Ni siquiera tiene tradiciones verdaderamente arraigadas: es lugar de tránsito; una gran masa de población flotante abarrota su precaria infraestructura; gentes que se empujan e impacientan en estrechas aceras de casas sin aleros, sin protección bajo el sol implacable. El santaclareño, nativo, de adopción o transitorio, siempre anda caminando por las calles, ante el furor de los conductores de vehículos. Alrededor del parque o en sus cercanías. Para él sólo existe lo situado en un radio de cuatro a siete cuadras a partir de la glorieta, donde toca por las tardes la Banda Municipal. Todo intento urbanístico de sacar su centro hacia las periferias está condenado al fracaso. Es, por definición, una ciudad alrededor de un parque.(1)

(En el Café Literario trato de explicar al joven narrador Idalberto Machado que no tengo una cabal respuesta para su pregunta: ¿por qué es esta una localidad de escritores, mayormente de poetas?, o, para plantear el caso con las palabras de Ricardo Riverón: Un punto en la geografía poética cubana.)

La Dra. Elena Yedra afirmaba que el proceso de conformación de nuestra modesta urbe, fundada el 15 de julio de 1689, era el de la típica “ciudad letrada” de provincias; quizás un arquitecto la llamaría “ciudad escritorio”. El otorgamiento del título— superación del estatus de Villa— muchas veces denegado, y ocurrido tardíamente en 1867, consolidó las relaciones interregionales y territoriales desde su reconocida y ventajosa posición geográfica.(2) Urbe “letrada”, es decir, asiento de una élite intelectual fuerte y donde se tramitan y resuelven cuestiones jurídicas, localidad de abogados y de escuelas, y, con el tiempo, de Academia de Ballet, de Artes Plásticas, Taller de Escultura, Escuela Normal para Maestros —en la que ejercieron figuras de la talla de Emilio Ballagas y Juan Marinello, y donde ocurrió la increíble aventura de los murales vanguardistas—,(3) Instituto de Segunda Enseñanza, Universidad Central de Las Villas. Capital de una provincia visitada por grandes escritores y artistas, centro de tertulias, Liceos, y veladas, y de muchas revistas artístico-literarias.

La Isla en el centro, se denominó un dossier de poetas villaclareños publicado a fines del siglo pasado. En su introducción, Omar Valiño precisaba: Ya se ha dicho que Santa Clara es típico cruce de caminos entre Oriente y Occidente, lugar donde se entiende bien a unos y otros. (…) de donde se explica que, a falta de riquezas materiales y atractivos físicos y naturales, sea aquel diálogo escondido en su gente el tesoro de sus reales coordenadas; verdadero motivo por el cual se recuerda a una ciudad y por el cual se retorna a ella. Tal vez por eso haya sido motivo y espacio para la poesía, aún de aquella no escrita allí mismo, pero que encuentra su cauce, su existencia más conocida, gracias a ella.(4) Sumaba a su atractivo la vocación cosmopolita e intelectual. Sí, tal vez por eso.

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Todos sentimos la muerte del Guille, como todos le decíamos, persona formidable, muy inteligente y sencilla. Aquel aciago 26 de octubre de 1990, un lamentable accidente de tránsito cegó la vida del Gran Maestro santaclareño Guillermo García González. Ya han pasado 20 años, pero todo el que tuvo que ver de una forma u otra con él, estoy segura de que lo recuerda con gran cariño y admiración. Mi colega Osvaldo Rojas Garay, con su verbo natural y franco, deja constancia de su vida y obra en este trabajo que tituló:

VEINTE AÑOS SIN EL GUILLE

Guillermito García

Cuando el próximo martes 26 de octubre, en el marco del 65 Período de Sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas, se realice la votación a la resolución cubana sobre el bloqueo, acá en nuestro Verde Caimán estaremos recordando a una de las víctimas de la injusta medida impuesta por el gobierno estadounidense: el Gran Maestro santaclareño Guillermo García González, quien coincidentemente perdió la vida en un lamentable accidente de tránsito otro 26 de octubre, hace 20 años.
Guille dejó de existir sin poder cobrar el premio de 10 mil dólares que le correspondía por el segundo lugar alcanzado en el Torneo Abierto de Nueva York, en 1988, por obra y gracia de la arbitraria imposición del Departamento del Tesoro norteamericano, que adujo razones referentes al bloqueo contra Cuba.
El despojo fue considerado como la más interesante novedad del certamen en uno de los números de la revista New in Chess, editada en Holanda, que consideró el hecho como «un nuevo caso y verdaderamente abominable, de la injerencia de la política en los asuntos del ajedrez».
El dinero de Guillermito fue hacia una cuenta bloqueada a su nombre, de la cual sólo podía ser rescatada si él se movía hacia otro país que no fuera objeto de la misma sanción que Cuba, en cuyo caso estaban Libia, Viet Nam, la República Popular Democrática de Corea y Kampuchea.
Guille prefirió regresar a su querida tierra, donde es catalogado como uno de los cinco jugadores criollos más sobresalientes de todas las épocas, junto a José Raúl Capablanca, Leinier Domínguez, Lázaro Bruzón y Jesús Nogueiras.

ACTUACIONES RELEVANTES

En la biografía del talentoso trebejista, nacido el 9 de diciembre de 1953, abundan las buenas actuaciones.
Además de su exitoso desempeño en el Open de New York, en el cual con 6,5 puntos secundó al astro Vasili Ivanchuk (7,5), Guillermito realizó una meritoria faena en Las Palmas de Gran Canaria, en 1974, ocasión en que logró su primera norma de Gran Maestro con 9,5 unidades, medio punto más que los exigidos.


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Mis colegas Yoelvis Lázaro Moreno y Nelson García Santos se dieron a la tarea de investigar sobre José Surí y Águila, santaclareño y primer poeta cubano, trabajo que publicaron en Juventud Rebelde. Aprovecho la cortesía de ambos que me lo entregaron para publicarlo en VerbiClara. Las fotos son de Carolina Vilches Monzón.

Santa Clara
Santa Clara.


Hoy Santa Clara cumple 321 años y nada mejor que homenajear a ese poeta infelizmente olvidado:

EL DESCONOCIDO PRECURSOR DE LA POESÍA CUBANA

Un hijo ilustre de Santa Clara, ciudad que celebra hoy el aniversario 321 de su fundación, es considerado como el primer poeta cubano.

Luego de 321 años de existencia, la edad que cumple hoy esta ciudad, parece difícil encontrar algo nuevo entre papeles amarillentos o en testimonios de los conocedores a fondo de su historia. Pero ¡qué suerte! Hoy traemos a estas páginas [Juventud Rebelde] pinceladas del primer poeta cubano; además, médico.
Hablamos de José Surí y Águila, nacido aquí el 26 de octubre de 1696 y que el tiempo ha sumido en un olvido tan desgarrador que no existe en esta ciudad, de modo tangible, nada que lo recuerde.
El gran escritor José Lezama Lima, en su Antología de la poesía cubana, lo sitúa como el primer poeta cubano, y el  ensayista e investigador literario Enrique Saínz, en su libro La literatura cubana en el siglo XVIII, también le confiere igual mérito, mientras el historiador y periodista villaclareño Manuel García Garófalo lo consignó como el poeta más antiguo nacido en la Isla.
Sobre su poesía dijo que escribió versos sonoros, los que hoy pueden ser modelos de metro y dicción. Sin estudio, se hizo médico y farmacéutico, y poseyó en raro consorcio la ciencia y la poesía: el remedio del organismo y el bálsamo del espíritu.
Hurgando en la vida casi desconocida de este bardo santaclareño, conocimos que en plena niñez perdió a sus padres, motivo por lo que tuvo que acudir a los favores de un hacendado que lo empleó en su finca como trabajador agrícola.
Allí, atraído por al ambiente tranquilo y romántico del campo, el joven poeta despertó su genio y entonó sus primeros cantares alusivos a la labor que realizaba.
Ya por la segunda década del siglo XVII, gracias a los conocimientos que había adquirido empíricamente, Surí se desempeñaba como médico y farmacéutico en la villa. Pero un buen día llegó desde La Habana alguien nombrado oficialmente para ejercer esa función. Y ahí mismo surgió el conflicto.
Resultó que las personas acostumbradas a tratarse con el poeta, al que admiraban por su amabilidad, no asistían a la consulta del otro facultativo, quien al verse en tan difícil trance, de inmediato lo acusó de intrusismo profesional ante el Protomedicato.
El juicio se celebró en La Habana. Y para asombro de todos, él se defendió improvisando versos sobre el arte de curar. Dejó, literalmente, boquiabierto al Tribunal, que le otorgó el título de médico y farmacéutico. Seis años después fue nombrado cirujano principal del Hospital de la Caridad de la villa y se le responsabilizó para evitar el intrusismo profesional.
En cuanto a su literatura quedan pocas muestras, pero vale destacar la armonía, la belleza, la imaginación creadora y el pensamiento ingenioso. Esto, añadido a una época en que apenas se cultivaba el género lírico, adquiere mayor relevancia tratándose de un muchacho autodidacto.
Cuenta la historiadora Martha Anido Gómez-Lubián que Surí gozaba también de sobrados dotes para la improvisación y poseía excelente memoria, de modo que no fueron pocas las festividades religiosas a las que asistió para entonar sus cánticos frente a las imágenes adoradas.
Más que el pionero de nuestros poetas, por extensión pudiera considerarse el primer cubano que escribió una obra literaria. Porque bien sabemos que ese mérito corresponde a Espejo de paciencia, del español Silvestre de Balboa.

LOS ORÍGENES

Bueno es recordar, precisamente en el aniversario de la fundación de Santa Clara, a José Surí y Águila, quien nació casi junto con la villa, a la que enalteció con su trayectoria.
El traslado de 18 familias desde San Juan de los Remedios dio origen a esta ciudad. Inicialmente se le llamó Los Dos Cayos, más tarde, Pueblo Nuevo de Antonio Díaz, para ser definitivamente Gloriosa Santa Clara, urbe de leyendas y tradiciones, de calles estrechas y adoquinadas, y bañada por la brisa de la Loma del Capiro.
Evoca también la historiadora Anido Gómez-Lubián que en lo que es hoy el Parque de El Carmen se fundó la localidad. Allí, el 15 de julio de 1689, realizaron la Santa Misa y a la sombra de un tamarindo oraron con fe para que este nuevo asentamiento se desarrollara.

Tamarindo en el Parque del Carmen
Tamarindo. Monumento a la fundación de la villa.
El original fue sustituido por este árbol.


Santa Clara atesora una rica tradición en las luchas independentistas. En tres ocasiones fue tomada por las fuerzas revolucionarias: en la contienda de los Diez Años, por las tropas del general Manuel de Jesús Calvar; en la de 1895, por las huestes mambisas bajo las órdenes del coronel Leoncio Vidal, y en diciembre de 1958 por las tropas del comandante Ernesto Che Guevara.

Parque Leoncio Vidal
Parque Leoncio Vidal, en honor del coronel que dirigió
el ataque a la villa en la Guerra de Independencia.


AHORA

Desde su surgimiento la urbe asumió un modelo urbanístico en el que se destacan los trazados regulares a partir de una plaza central, tal como se plantea en las Leyes de Indias.
Cuenta con cuatro plazas fundamentales: El Parque de los Mártires, de la Pastora, del Carmen y Leoncio Vidal, todas con una fisonomía ecléctica, resultado de la diversidad de las épocas y los estilos que convergen en sus predios.

Parque Vidal de Noche
Parque Leoncio Vidal de noche.


La última de estas fue la antigua Plaza Mayor, de la que se generó paulatinamente todo el crecimiento del asentamiento poblacional en un eje de norte a sur, limitado al este por el río Cubanicay y al oeste por el Bélico, las dos redes fluviales que atraviesan Santa Clara, explica el ingeniero Liván Díaz Yánez, especialista de la Oficina de Monumentos y Sitios Históricos del Centro Provincial de Patrimonio.
Es conocido que en lo concerniente a la preservación patrimonial falta mucho por hacer aquí, pero desde hace varios años en el centro histórico de esta ciudad, de 43,5 hectáreas, se torna recurrente un ajetreo constructivo que saca a relucir el interés por rescatar algunos inmuebles con un alto valor arquitectónico y urbanístico.
En ese sentido vale destacar la restauración del teatro La Caridad, en el que se sustituyó alrededor del 80 por ciento de toda la madera de la cubierta, y la reparación capital del antiguo edificio El Billarista, convertido ahora en una tienda por departamentos. Además, se realizaron trabajos de mantenimiento y conservación en el Museo de Artes Decorativas, al igual que una parte del edificio El Recreo y en el cine Camilo Cienfuegos.

Teatro La Caridad
Teatro La Caridad.


También en el Centro Histórico hay cierto mejoramiento de las viviendas e instalaciones institucionales, de las calles y parques.
Hoy la ciudad de la benefactora Marta Abreu y el Comandante Guevara, como les gusta reconocer a los villaclareños, muestra, 321 años después, un desarrollo del que se sentirían orgullosos sus fundadores, aquellos que al salir huyéndoles supuestamente a los demonios y a los ataques de piratas, plantaron una villa que el tiempo ha hecho trascendente y vital.

Monumento a Marta Abreu, la Benefactora
Monumento a Marta Abreu, la Benefactora.


ASÍ ESCRIBÍA SURÍ

A Udeliquia (fragmentos)

Udeliquia, siempre hermosa,
a quien por deidad veneran
sobre alcatifas doradas
en esa mansión febea
del regio coro de Clío
las nuevas musas supremas.
Y a que a ese obsequio de tu culto
al teatro alguna letra
me has mandado que repita
quiero, si no te molesta
propalarte una batalla
que en los campos de Amaltea
previno al vendado Dios
al muro de  mis potencias.

También en Juventud Rebelde

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