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Posts Tagged ‘Victorville’

Por Alicia Jrapko

Había una vez un pajarito que se hizo amigo de un preso. Ambos estaban encarcelados en Estados Unidos, ambos compartían injusta prisión por defender a Cuba de acciones terroristas…

Gerardo y Cardenal. Imagen tomada por el fotógrafo de la prisión, el 30 de julio de 2009.

Gerardo y Cardenal. Imagen tomada
por el fotógrafo de la prisión,
el 30 de julio de 2009.

La historia comienza así. El 4 de junio de 2009, el mismo día de su cumpleaños, Gerardo Hernández tuvo noticias de aquella criatura. Se enteró por un preso de apellido Lira, que trabaja en la fábrica que está dentro de la prisión. Lira y un guardia limpiaban los techos con una potente manguera y sin querer o sin saber, destruyeron un nido que protegía a tres pichones. Dos de ellos murieron tras el golpe, pero uno quedó vivo. Eran tan pequeños que ni plumas tenían. Posiblemente estaban recién salidos del cascarón.
El guardia se conmovió y sintiéndose responsable, le permitió a Lira que se lo llevara escondido al interior de la prisión e intentara salvarlo. El preso llegó con el pajarito en la palma de su mano y sin saber qué hacer con él, comenzó a preguntar a otros presos. Alguien sugirió: “Preguntémosle a Cuba [como llaman a Gerardo los otros presos], que a él le gustan los animales y seguro sabe de eso”. Así fue que llamaron a Gerardo y él vino a la celda donde tenían al animalito.
La primera reacción de Gerardo fue silbar, imitando lo que él suponía hiciera la madre del pichón. Movió los dedos de las manos, como si fueran pequeñas alas. Milagrosamente, el pajarito abrió su pico. Gerardo comenzó a darle migas de pan y luego, introdujo sus dedos en el agua y dejó correr las gotas cayeran suavemente en el pico del pajarito.
Gerardo no quiso llevárselo a su celda, pero todos los días pasaba para alimentarlo. El problema era que al principio el pequeño no quería comer con nadie, salvo con Gerardo. Un día se le ocurrió ofrecerle al pajarito unas hilachas de pescado y después el bribón ignoraba las migas del pan. Comenzaron a crecer sus plumas y Gerardo le enseñó entonces a comer solo. Le ponía los trocitos de alimento en la palma de su mano y el pajarito venía con toda confianza.

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El humor y la virtud jamás estarán encerrados.

Gerardo Hernández NordeloA Gerardo Hernández Nordelo, uno de nuestros Cinco luchadores antiterroristas cubanos prisioneros del imperio yanqui, lo atan lazos indestructibles con la virtud y el humor. Ser hombre también de la caricatura artística y el apego a su Isla, al pueblo y su Revolución Socialista, lo hacen parte del colectivo de Melaíto, que este 20 de diciembre cumplirá 40 años de fundado.

En reiterados foros nacionales del ámbito cultural o periodístico, Pedro Méndez Suárez, director del suplemento Melaíto, declara sin ambages de ningún tipo que Gerardo, no por lo que representa en sus ideales, sino por constituir un hombre del humor, está siempre presente en las páginas del censuario; incluso, a veces, recuerda algunas de las ocurrencias de cuando el luchador hacía «pininos» en el dibujo y la caricatura.

Gerardo, al igual que el resto de sus compañeros diseminados por diferentes prisiones de los Estados Unidos, recibe con bastante prontitud los envíos de paquetes con ejemplares de Melaíto, y tiene tiempo para la jocosidad y la alegría.

 

El colectivo de Melaíto dedica su aniversario 40 a Gerardo Hernández Nordelo, uno de los Cinco luchadores antiterroristas cubanos injustamente encarcelados en los Estados Unidos.

El colectivo de Melaíto dedica su aniversario 40 a Gerardo Hernández Nordelo, uno de los Cinco luchadores antiterroristas cubanos injustamente encarcelados en los Estados Unidos.

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En la nota que envía Gerardo junto con las fotos tomadas durante la visita expresa que el Padre Lapsley es una víctima del terrorismo.Por quinta vez he tenido el privilegio de visitar a Gerardo Hernández en la Penitenciaria Federal de Victorville, California, a dos horas de Los Ángeles. Fue el lunes 3 de noviembre, el día antes de las elecciones en Estados Unidos. Gerardo está cumpliendo una sentencia doble de cadena perpetua (más 15 años).

Aunque es una prisión de nuevo tipo, es difícil imaginar un lugar más inhóspito. La única cosa que faltaba era una señal diciendo, “rendida la esperanza de todo el que entre aquí”.

Gerardo, tiene ahora 43, daba largos pasos en la sala de espera con una sonrisa radiante y confianza natural.

Traje conmigo saludos solidarios de todo el movimiento de solidaridad con Cuba en Sudáfrica.

Estaba muy contento de encontrarme con Gerardo una vez más. Ha pasado casi un año desde mi última visita. Al mismo tiempo, me sentí triste, otra visita significaba que él había tenido que soportar otro año de injusticia. Preso por ayudar a prevenir el terrorismo contra su patria.

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