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Vladimir Hernández, pitcher del equipo Villa Clara y también del Cuba, se despedirá en el estadio Augusto César Sandino, de Santa Clara, del béisbol activo. La afición estará allí —estaremos— para tributarle el merecido homenaje. Los anaranjados se verán de nuevo con Isla de la Juventud, a la que apaleó hoy 24 carreras por 6. Espero que en la despedida de Vladimir le regalen otra victoria. Mi colega Osvaldo Rojas Garay nos da detalles de su labor en el montículo:

Vladimir Hernández
Vladimir Hernández Solás, uno de los mejores lanzadores que ha vestido el traje anaranjado, dirá adiós este sábado al béisbol activo.
Se despedirá el corajudo serpentinero en el estadio que fue testigo de la mayoría de sus momentos más relevantes en las 16 temporadas en que intervino. Aquí, en el «Sandino», alcanzó la primera de sus 72 victorias, nada menos que frente a los Industriales de Germán, Vargas, Méndez y Padilla, el miércoles 26 de enero de 1994.
También en ese parque beisbolero disfrutó su último triunfo en la pelota élite, al derrotar a Matanzas, 13 por 2, el 17 de febrero de 2008, y un año antes se gastó un partidazo frente a Norge Luis Vera, a quien superó con estrecha pizarra de 1-0.
Además, en la legendaria instalación ganó los encuentros decisivos contra Santiago de Cuba y Granma en la postemporada de 2003.
Cada vez que se evoque a este monticulista nacido en Sagua la Grande el 1o. de abril de 1971, se recordarán siempre de manera especial sus brillantes actuaciones contra la aplanadora santiaguera, ante la cual logró balance favorable de seis satisfacciones y tres descalabros.
Su colosal faena de hace seis años ante las avispas, en los cuartos de finales, se inscribe entre las grandes hazañas en la historia de los play off.
En apenas cinco días, entre el 10 y el 15 de abril de 2003, Vladimir —que ya los había superado en la fase clasificatoria— se convirtió en una pesadilla para los montañeses. Aventajó a dos olímpicos: Ormari Romero (11-6) y Norge Luis Vera (5-4), y a Danny Betancourt (7-0), que después alcanzaría tal condición en Atenas 2004.
Pero las cosas no pararon ahí, pues en semifinales salió airoso en dos encuentros frente a Granma, lo cual le posibilitó igualar la marca de ganados en una postemporada completa con cinco.
Aun cuando en 2002, al pasar de relevista a abridor, se había adjudicado el liderato en ganados y perdidos (con 11 y 2), no hay dudas de que 2003 fue su gran año.
Además de exhibir balance de 9 y 2 en la campaña regular y de convertirse en el caballo de batalla de los anaranjados en los play off, Vladimir fue uno de los hombres clave de los cubanos en la conquista del Torneo de Rotterdam, Holanda, donde doblegó en el partido decisivo al elenco anfitrión (3-2), éxito que tuvo mucho peso en su elección como el mejor lanzador del torneo.
Tan convincente resultó su desempeño en la lid, que le abrieron un espacio en el conjunto que nos representó en los Juegos Panamericanos de Santo Domingo.
Como Agustín Arias y Rafael Orlando Acebey, el destacado tirador de la Villa del Undoso perteneció a esa clase de jugadores que siendo consagrados en las series nacionales, representaron con la misma pasión a sus municipios en los campeonatos provinciales.
Defendiendo los colores de su tierra chica, eslabonó una cadena de 36 bateadores retirados consecutivamente en el histórico partido de 28 entradas que protagonizaron Sagua la Grande y Quemado de Güines en el campeonato provincial de 2000. Años después lo vi lanzar en Báez un juego de extrainnings contra Placetas, unas horas antes de su partida hacia el certamen holandés, que le sirvió de trampolín para la cita panamericana.
Vladimir no fue un superdotado del montículo, pero sí reunió atributos que lo llevaron a exhibir un envidiable balance de 43 y 14 en su quinquenio dorado en la pelota cubana (1998-2003): enorme disposición en el box, deseos de darlo todo por su equipo y mucho coraje, armas con las cuales era capaz de contagiar a sus compañeros y llevarlos a la victoria. 

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