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EL TIEMPO DE MARICASTAÑA

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María Castaña, en un retrato realizado por María Presas para el Álbum de Mujeres del Consejo de Cultura Gallega – CONSEJO DE CULTURA GALLEGA

Cuando hablamos ‘del tiempo de Maricastaña’, nos referimos a una época muy lejana, pero pocos saben quién fue ni en qué época vivió Maricastaña. El autor argentino Héctor Zimmerman[1] habla de «crónicas muy detalladas» registradas allá por el siglo XIV en Galicia, según las cuales habría existido en Lugo una rica terrateniente llamada María Castaña, casada con un tal Marín Cego.

Esta señora, que era mujer de armas tomar, participó activamente en las luchas de los hacendados contra los tributos abusivos cobrados por el obispo Pedro López de Aguiar. Según las crónicas, Maricastaña (así la llamaban) mató en una reyerta, con ayuda de su marido y de sus dos cuñados, al recaudador del obispo Francisco Fernández.

Un relato fechado el 8 de junio de 1386, publicado por la diputación de Lugo, narra que ese día Maricastaña confesó sus delitos y fue condenada a donar todos sus bienes a la catedral. A pesar de la vasta documentación existente, hay quien afirma que esta señora nunca existió, sino que se trata de un personaje de una leyenda celta contada en inglés, con una protagonista llamado Auburn Mary (algo así como ‘María de color castaño’). En todo caso, se trata de una historia muy, muy antigua…, del tiempo de Maricastaña.

[1] Tres mil historias, Aguilar, 1999.

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Con motivo de la celebración en Katowice (Polonia) de la Conferencia de las Partes (COP24) sobre el cambio climático, se ofrecen algunas claves para una buena redacción de las noticias relativas a este acontecimiento:

1. Cambio climático, en minúscula

La expresión cambio climático no constituye un nombre propio, sino una denominación descriptiva, y por tanto se escribe con iniciales minúsculas en frases como «Las ciudades del mundo se manifiestan contra el cambio climático». Sin embargo, es preciso respetar las mayúsculas cuando forma parte del nombre de un acto, conferencia o reunión. Seguir leyendo »

UMBRAL INVITA

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REGLAS QUE DESARREGLAN

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Por Javier Bezos

Conocer las normas gramaticales nos ayuda a escribir y comunicarnos bien, pero la gramática académica es una obra gigantesca y no fácilmente accesible para el usuario medio de la lengua, y es comprensible que, para poder aplicarlas, a veces nos guiemos por reglas simplificadas.

Estas reglas nos las han enseñado en la escuela, las hemos aprendido en algún libro o, incluso, se basan en nuestras propias conclusiones, pero el problema de toda simplificación es que muchas veces se nos pierde algo en el camino. Como consecuencia, acabamos tomando como ciertas indicaciones que en realidad no son del todo correctas, dejan de lado situaciones especiales o se extienden a casos a los que no son realmente aplicables. Seguir leyendo »

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Foto: ©Archivo Efe/Chema Moya

 

En expresiones como la Constitución española o la Constitución argentina, lo adecuado es escribir la palabra constitución con inicial mayúscula y los especificadores (españolaargentina…) con minúscula.

En los medios es habitual encontrar diversas formas de escribir esas expresiones: «El ministro ha abogado por reformar la Constitución Española», «Gran parte de las Constituciones chilenas tienen como principio básico la definición de un Estado unitario» o «El proyecto es dotar al país de una nueva Constitución». Seguir leyendo »

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La nobleza romana.

La raíz prehistórica indoeuropea gena- se refería al acto de dar a luz un niño, con derivados que aludían a aspectos y resultados de la procreación, así como a lo referente a grupos familiares y tribales.

Por ejemplo la forma sufijada gena-es llevó a la formación de vocablos que llegaron al español como generar, generación, congénere, degenerado, tras pasar por el latín genus, etc. Seguir leyendo »

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Desde Oriente hasta Occidente
trajo en un hilo colgada
la espada de la vida
que una bala quebró una tarde
en extraña sorpresa,
dejándolo en la tierra prometida
para crecer en la historia
como símbolo de rebeldía.