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Foto: ©Archivo EFE/Kiko Delgado

ESPAÑA LIBRERÍAS:FERROL, 08/12/2020.- Un cliente ojea libros en la librería Cantón 4 de Ferrol. Para las librerías, la de Navidad es “la campaña del año”, pero se aventura “muy rara” la de 2020 y casi sobra exponer por qué motivos. “Hay miedo, pero los editores lanzan todas las novedades ahora; son demasiadas”, cuenta a Efe Mako Valle, una de las socias de Cantón 4, una coqueta librería al pie de la alameda del Cantón de Molíns, en Ferrol. EFE/Kiko Delgado

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El adjetivo y pronombre demás no significa lo mismo que la construcción adverbial de más, por lo que es recomendable no confundirlos.

Resulta muy habitual encontrar en los medios de comunicación un uso indistinto de demás de más, como en las siguientes frases: «Pese a la indudable calidad de los jugadores, los años demás hicieron mella y los goles no abundaron», «Al festival de Eurovisión asistieron cantantes, artistas y de más» o «Esa pregunta está demás».

El Diccionario panhispánico de dudas señala que no han de confundirse estos términos. Demás es un adjetivo o pronombre indefinido invariable que significa ‘otras personas o cosas’, mientras que la construcción adverbial de más significa ‘de sobra o en demasía’, por lo que no pueden emplearse indistintamente.

En los ejemplos anteriores lo correcto habría sido escribir «Pese a la indudable calidad de los jugadores, los años de más hicieron mella y los goles no abundaron», «Al festival de Eurovisión asistieron cantantes, artistas y demás» y «Esa pregunta está de más».

De Recomendaciones de Fundéu (Fundación del Español Urgente)

El opio se extrae de estos capullos de la amapola o adormidera.

Los griegos llamaron ὄπιον (opion), diminutivo de οπός (opós) ‘jugo de higos’, al jugo de las adormideras, cuyo poder hipnótico y euforizante ya conocían hace seis mil años los sumerios, que llamaban a la adormidera planta de la alegría. Este nombre aparece documentado en latín por Plinio como opĭŭm, con el mismo significado, en el siglo i de nuestra era.

Homero describe en la Odisea los efectos de esta planta muy conocida en la Grecia clásica, aunque su uso, curiosamente, no se haya extendido al resto de Europa a partir de los griegos, sino de los árabes. Estos recogían el opio en Egipto, donde se usaba con mucha frecuencia en medicina, y lo llevaban para venderlo tanto en Oriente como en Occidente: fueron así los primeros narcotraficantes, en un tiempo en que esa profesión estaba menos desprestigiada, aunque rendía, en compensación, menos ganancias que hoy.

Opio tiene un sinónimo poco conocido en español, a pesar de que figura en el diccionario de la Academia española: anfión, documentado por primera vez en 1609 en el Diccionario de germanía, de Juan Hidalgo, y que llegó a nuestra lengua a través del portugués anfião, que también proviene del griego opion.

Hasta el siglo XIX, la venta de esta droga era libre, pues estaba rodeada por un aura de sustancia benéfica que aliviaba dolores y sufrimientos. Se llama oppio en italiano; opium, en francés e inglés, y Opium en alemán.

Los adversarios del filósofo comunista alemán Karl Marx (1818-1883) recuerdan con frecuencia que era un enemigo de la religión, con base en una frase suya en la que afirmaba que la religión era “el opio del pueblo”. En realidad, el fundador del comunismo se refirió a que la religión servía en la época, al igual que el opio, como alivio al sufrimiento de los pobres y de los oprimidos, como vemos en la cita completa:

La religión es el suspiro del oprimido, el corazón de un mundo insensible, el alma de situaciones desalmadas. Es el opio del pueblo. (Karl Marx. Collected papers [1844]).

De La palabra del día, por Ricardo Soca

Sputnik V, lectura

Foto: ©Archivo EFE/Rayner Peña R

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En el nombre de la vacuna rusa Sputnik V, la letra final no representa un número romano, sino la uve o ve baja.

En los medios hablados, como radio y televisión, no es raro oír la lectura impropia de este nombre, que a veces se extiende incluso a la forma escrita, como en «Son las primeras 2000 dosis del fármaco ruso Sputnik 5» o «Cerca del mediodía del sábado, continuaba la descarga de las dosis de la Sputnik cinco».

Tal como ha señalado el Fondo Ruso de Inversión Directa, en informaciones recogidas por varios mediosno se trata del número cinco escrito en números romanos, sino de la letra uve o ve baja, que representa las palabras vacuna o victoria y sus equivalentes en otras lenguas. Por ello, la lectura adecuada es como si se escribiera «Sputnik uve» o «Sputnik ve baja».

La primera parte de la denominación de la vacuna proviene del primer satélite artificial puesto en órbita, el Sputnik 1. El quinto de los satélites de este programa espacial ruso, lanzado en 1960, es el Sputnik 5, que, a diferencia de la vacuna, sí tiene la lectura «Sputnik cinco».

Por tanto, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido escribir «Son las primeras 2000 dosis del fármaco ruso Sputnik V» y «Cerca del mediodía del sábado, continuaba la descarga de las dosis de la Sputnik V», y las correspondientes lecturas serían con el nombre de la letra.

De Recomendaciones de Fundéu (Fundación del Español Urgente)

En los jardines turcos, algunos años después de la toma de Constantinopla (1453), era común la instalación de glorietas o de pequeñas casitas de recreo, llamadas kyösk o kusk, un nombre tomado del persa.

El rey Estanislao de Polonia adoptó estos pabellones de jardín en el siglo XIX, y pronto se extendieron por Europa. En Italia, esta construcción se conoció como chiosco, en Inglaterra, como kiosk y en Francia, como quiosque, palabra que fue recogida en nuestra lengua y traducida como quiosco o kiosco. Kiosk aparece en inglés ya desde 1625 y quiosque, en francés desde 1654, pero solo fue registrada en el diccionario de la Academia en 1884.

Hoy se llama kiosco a las casillas donde se venden diarios y revistas.

Aunque todavía perduran las antiguas glorietas, en la mayoría de los países americanos, excepto tal vez México, la palabra se reserva para las casillas donde se venden diarios, revistas y golosinas, como vemos en la imagen.

En castellano se usan también las grafías quiosco kiosko.

Foto: © Archivo Efe

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En los medios de comunicación escritos es muy frecuente ver cómo se confunden las expresiones porqué, por qué, porque y por que.

Porqué es un sustantivo, sinónimo de ‘causa’, ‘motivo’ o ‘razón’: «El responsable de fotografía de la casa de subastas explica el porqué de su valor», que puede ir también en plural: «Los porqués del entrenador no tienen sentido».

Por qué es la combinación de la preposición por y el interrogativo qué: «¿Por qué no aumenta el número de vivienda protegida?»; se reconoce si se le agrega la palabra razón: «Le preguntaron por qué (razón) ingresó al club».

La palabra porque es una conjunción que equivale a puesto que, dado que, ya que: «Es difícil porque hay tres equipos más de un nivel muy alto». También puede tener valor de finalidad con un verbo en subjuntivo, equivalente a para que: «Hizo lo que pudo porque (o para que) su trabajo fuera excelente». En este caso, también es válida su escritura en dos palabras.

Por que es la combinación de por y el pronombre relativo que y se reconoce fácilmente porque siempre se puede intercalar un artículo entre ellos: «Ese es el motivo por (el) que decidió no ir».

También puede tratarse de la preposición por exigida por el verbo, el sustantivo o el adjetivo, y la conjunción que: «Los trabajadores votaron por que no se convoque la huelga» (votar por algo).

De Recomendaciones de Fundéu (Fundación del Español Urgente)

Tú para mi recitado,
Tú en la poderosa tormenta incluso como ahora, la nieve, el día de invierno que decae,
Tú en tu panoplia, tu doble ímpetu medido y tu pulso convulso,
Tu cuerpo negro, cilíndrico, latón dorado y acero plateado,
Tus pesadas barras laterales, paralelas y conectando los ejes, girando, trasmitiendo el movimiento a ambos lados,
Tu soplo y tu rugido métricos que ora se amplifican ora se desvanecen en la distancia,
Tu gran faro que sobresale colocado en la parte delantera,
Tus largas, pálidas banderolas de vapor que flotan teñidas de delicado color violeta,
Las densas y oscuras nubes eructadas por tu chimenea,
Tu intricada estructura, tus muelles y válvulas, el trémulo resplandor de tus ruedas,
El tren de coches detrás, obedientes que te siguen con alegría,
A través de la tempestad o de la calma, ora a prisa, ora despacio, zigzagueando constantemente
Símbolo de modernidad -emblema de movimiento y energía- latido del continente,
Por una vez ven a servir a la Musa y sumérgete en el verso, incluso como aquí te veo
Con tormenta y viento que golpea y nieve que cae
Por el día tu vibrante campana de aviso hará sonar sus notas,
Por la noche tus silenciosas lámparas de señalización se balancearán.
¡Belleza de feroz garganta!
Rueda sobre mi canto con toda tu música desquiciada, tus lámparas balanceándose por la noche
Tu risa que silba como loca, produciendo eco, retumbando, como un terremoto sobresaltándolo todo
Con total control sobre ti misma, aferrándote con firmeza a tu vieja vía,
(No hay dulzura refinada de arpa llorosa o de tu elocuente piano,)
Tus vibraciones y chirridos retornaron por rocas y colinas
Lanzados sobre las anchas praderas, a través de los lagos,
Hasta los cielos libres, desatada, radiante, poderosa.

Sororidad: la versión femenina de “fraternidad”

Sor, en su significado de ‘monja’, procede del diminutivo italiano sorella, aunque en latín tenía un sentido diferente. En efecto, sorella proviene del latín sŏror, sorōris ‘hermana, de la hermana’. Actualmente, sor se emplea solo como forma contraída de sorella para referirse a una monja, precediendo su nombre.

En los últimos años, ha dado lugar al surgimiento de sororidad, para referirse a la solidaridad entre mujeres, en un contexto de discriminación de género. Cabe observar que, mientras sororidad procede de sŏror ‘hermana’, así como fraternidad proviene de frater ‘hermano’, Las feministas estadounidenses de los años ochenta del siglo pasado usaban sisterhood sorority para expresar el mismo concepto.

Vale la pena recordar que hace cien años, en 1921, Miguel de Unamuno publicó en la revista argentina Caras y Caretas un texto sobre la tragedia de Sófocles Antígona, en el que proclamaba la necesidad de “inventar” una palabra con ese significado:

[..] ¿Fraternal? No: habría que inventar otra palabra que no hay en castellano. Fraternal y fraternidad vienen de frater, hermano, y Antígona era soror, hermana. Y convendría acaso hablar de sororidad y de sororal, de hermandad femenina.

Casi un siglo más tarde, en 2018, la Academia española incorporó sororidad a la versión en línea de su diccionario.

De La palabra de día, por Ricardo Soca